Hay muchos que piensan y afirman que la escuela no está para dar catequesis. Que basta en ella dar una información o mera cultura en lo referente a la religión. La catequesis debe quedar para la parroquia. ¿Es admisible esta postura para la Iglesia y para esa escuela de Catequistas? ¿Cuáles son los criterios en que se apoyan las exposiciones de esta Escuela?
Respuesta posible
Tarea de catequesis en la escuela, en la familia y en la parroquia es instruir, formar, educar. Si la escuela está para educar y no sólo para instruir en todos los campos. ¿Qué se puede decir del campo o terreno de los religioso?
Siempre existe, desde hace tiempo, este interrogante dialéctico que dilucidar. Si es posible y necesaria la catequesis escolar o si la misión de la escuela cristiana es más bien la aportación cultural en lenguaje de Evangelio.
El hecho de que la Iglesia quiera estar presente en todo tipo de Escuela puede conducir a diversas perspectivas.
Y el hecho de que haya que diferenciar entre escuerlas con ideario cristiano y cristianas pluralistas en los religioso, también conduce a cierta dificicultad para dar respuestas contundentes y válidas para todos los ambientes y todos los niveles.

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Las tres posturas
A tres se reducen a veces las alternativas que se prestan a consideración: a una actitud catequística negativa y a una positiva exigente, pasando por una postura flexible e intermedia.
+ Hay quien niega al ámbito escolar la capacidad catequística. La escuela según ellos no es para rezar o para celebrar, sino para informar, formar y ofrecer cultura cristiana que eventualmente pueda ser transformada por la persona en actitud de fe, pero siempre a posteriori.
La catequesis, como ministerio de la palabra, se debe dar en la parroquia, en la familia o en el contexto de una comunidad cristiana
El maestro prepara, incluso en las actividades académicas relacionadas con la religión, el terreno de la fe. Pero no debe convertir la plataforma escolar en ámbito de piedad o en ocasión de encuentro con Dios, al menos en su vertiente de devoción de fervor y de contemplación espiritual de las cosas divinas.
+ Una actitud opuesta es decir que, si la escuela cristiana no hace esto, o tiende a ello, no tiene razón de ser, pues para dar información, incluso religiosa ya están las demás escuelas y los otros recursos culturales con los que la persona se puede encontrar.
Se incurre en cierta orientación pietista y se hace del saber, del obrar y del pensar un camino para el creer en profundidad.
+ La postura intermedia es sospechar que es audacia afirmar con leyes categóricas lo que se debe hacer, y que en cada escuela y en cada grupo de alumnos hay que atenerse a sus demandas y a sus posibilidades de forma abierta y no con posturas preconcebidas.
Las consignas pueden ser estas
La escuela debe estar abierta a la catequesis, y no sólo a la oferta cultural religiosa. El llegar a ella, a rezar, a vivir la fe, a hacer obra de caridad, a cultivar la esperanza y la fraternidad, dependerá más que las personas presentes, maestros y alumnos, que de los postulados teóricos de quienes estudien las posibilidades generales.
De hecho, a lo largo de la Historia, las escuelas cristianas se han apreciado, incluso más que en nuestros días, por todos los servicios culturales y también espirituales que han ofrecido a sus miembros. Sólo así se explica la portentosa difusión que han logrado en todos los países del mundo. Incluso hay que decir en favor de la escuela que sus capacidades culturales y la facilidad para las relaciones personales la dotan de riquezas incomparables en este sentido de posibilidad de catequizar. Aun cuando otras instancias educativas, como la familia o la parroquia, siguen poseyendo la importancia y los reclamos que se merecen, no podemos olvidar la peculiaridad de una comunidad en donde unos maestros cultos y creyentes conviven con unos alumnos que quieren ser más cultos y que pueden ser también más creyentes.
Fue siempre común en las escuelas cristianas hacer públicas sus pretensiones evangelizadoras. Y también el reconocer la necesidad de la calidad de las obras humanas, como excelente recurso para hacer más creíble los principios evangélicos.
Muchos rasgos "pedagógicos", incluso "sociológicos", pueden ayudar a asumir esa postura flexible y abierta en lo que a catequesis se refiere.
- La organización flexible, abierta, democrática una veces o más autoritaria en ocasiones, puede hacer posible una pedagogía confesional de ofertas catequísticas, más dirigidas a los padres en los años primeros y más sugeridas a los alumnos a medida que van creciendo y pueden asumir opciones personales.
- Clases de religión en clave de fe y de sugerencia evangélica y no solo informaciones religiosas neutras o pluriconfesionales es el primer elemento de una catequesis normalizada e imperceptible, pero real e influyente.
- Criterios cristianos en la presentación de todos los contenidos y problemas de las ciencias y de las artes, de las corrientes filosóficas y de los hechos sociológicos, son a veces tan formativos de la fe como pueden serlo las explícitas actividades de formación religiosa. Es evidente que esto presupone una clara opción cristiana de los educadores.
- Plegarias y eucaristías, actos de caridad con los necesitados y participación en acciones de justicia, convivencias cristianas o actividades en grupos religiosos, son elementos que una escuela cristiana no puede dejar de poseer para dar la tonalidad que le es propia.
- La vida escolar en clave de evangelio es también síntoma de una catequesis natural y espontánea de todos los días. Se manifiesta en el respeto de los alumnos por el sexo, la raza, la cultura, la situación familiar, los niveles económicos de la familia, etc.
Estos y otros rasgos dicen que un centro es cristiano más que las palabras escritas en sus prospectos informativos o las tradiciones propias de los hombres.
La escuela cristiana, la que vive d los criterios evangélicos, tiene inmensas posibilidades de catequizar y de educar la fe, aunque siempre tendrá que contar con la libertad de las personas y el misterio de la diversidad de los caminos en la vida.
Todos aquellos que han actuado entusiasmados por la catequesis escolar pueden repetir las hermosas palabras que escribía Gabriel Taborin (1789-1834) hace casi dos siglos: "Los servicios que presta el soldado son grandes pero menores que los que presta el maestro, pues los de aquél son con frecuencia gloriosos pero pasajeros. Los del ciudadano virtuoso que consagra su vida a la educación de la juventud tienen ciertamente menos brillo, pero se puede decir que ninguna misión es más gloriosa en la tierra que la de actuar sobre el espíritu humano, trasmitiéndole la verdad, la luz y la virtud". (Nueva Guía. 637)
Añadimos una idea: El futuro de la escuela confesional es luminoso
El futuro de la escuela cristiana es luminoso, no sólo en cuanto institución que la sociedad siempre va a necesitar para los primeros años de la vida de los ciudadanos, sino por que la Iglesia sabe que es una plataforma de primordial importancia para la educación de sus miembros.
Si la Iglesia fuera sólo una entidad espiritual, un cuerpo Místico o unión interior de creyentes, pudiera ser que, con el tiempo, pasara de ser urgente el contar con escuelas cristianas propias o de desear anunciar su mensaje en todas las demás.
Pero no hemos de olvidar que la Iglesia es "también" una sociedad que se halla presente en el mundo y que seguirá encarnada en medio de los avatares humanos y de los diversos hechos culturales, políticos y económicos que el mundo conocerá siempre.
Por eso la Iglesia contará con una llamada permanente de atención a la realidad escolar. Podrán pasar a ser históricas las instituciones y los edificios, las agrupaciones y los programas, los estilos y las metodologías, como ha ido aconteciendo a lo largo de dos milenios. Pero el amor a la escuela, a las escuelas como plataforma de acción, a las comunidades de alumnos y profesores, de padres y de colaboradores, que trabajan para que los niños y los jóvenes se hagan hombres arrullados por valores sobrenaturales y espirituales, eso no pasará nunca a la Historia.
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