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Consulta última
¿No es cierto que muchas veces los catequistas se detienen en temas tan abstractos y difusos como la Eucaristía, la Trinidad o el Espíritu Santo y olvidan otros más vitales como la justicia, el amor al prójimo o el cumplimiento de las mandamientos?
¿No sería mejor que trataran sólo temas y cuestiones vitales, esto es las que se pueden llevar a la vida de cada día y tienen que ver con el comportamiento de los creyentes?
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RESPUESTA Y SUGERENCIA
La pregunta parece estar deseando ya una respuesta predeterminada y parte de un supuesto pragmatismo en quien la formula. En la educación cristiana los educadores de la fe tienen que ser muy concretos y muy prácticos.
Pero también tienen que ser muy proféticos y sinceros. Ello significa que tienen que ofrecer a sus educados el misterio cristiano tal cual es. Y los grandes misterios de la fe cristiana deben ser descubiertos, respetados, amados y en lo posible vividos por los catequizandos. La Trinidad, la Eucaristía y la existencia del Espíritu Santo pueden parecer abstractos por misteriosos y también inexplicables por difíciles de encerrar en palabras humanas. Pero no son temas para los teólogos y para los filósofos, sino para todos los creyentes. Forman parte de la revelación divina. Y Dios da el mensaje espiritual que ellos encierra para todos los hombres de buena voluntad y no sólo para los listos
Hay que hacer todo lo posible por lograr una suficiente comprensión de estos misterios y de estas verdades. Y hay que dejar al Espíritu de Dios que El ilumine las mentes y haga cálidos los corazones. Son misterios divinos, profundos, maravillosos y como tales hay que presentarlos.
Lo que sí conviene al catequista, al profesor y al educador de la fe es tener conciencia de mensajero y no sólo deseo de pensador o de filósofo. Por ser estos temas difíciles hay que saber prepararlas con paz y con profundidad y sobre todo saber adaptarse al exponerlos al auditorio que se tiene delante. Ese es un desafío para el catequista y para el profesor.
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