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LOS HECHOS ENSEÑAN
El párroco triste
Un párroco estaba triste porque decía que sus feligreses no amaban a Dios. Y deseaba un remedio para mejorar la vida cristiana de sus parroquianos. Nadie la daba un remedio. Un mendigo que solía estar a la puerta solicitando la caridad de los que se acercaban se enteró de sus lamentos. Ante el cura que a veces le saludaba al entrar o salir, le dijo un día:
- Señor cura, si Vd me deja poner unos papeles en la iglesia Vd y yo saldremos ganando, por quel a gente termianrá amando más a Dios
- ¿Por qué dices eso?
- Le oido que decía a unos señores que salían con Vd que le dieran un remedio para que su gente ame más a Dios. Si me deja, yo voy a poner unos papeles y todos amarán más a Dios.
- Haz lo que quieras, buen hombre. Si consigues que los parroquianos amen más a Dios, te prometo una buena limosna cuando tenga dinero.
- Dicho y hecho. El mendigo que, aunque mendigo, era listo y sabía leer, buscó unos papeles en las papeleras y, al siguiente domingo, la gente que llegaba a misa o los que pasaban cerca de la iglesia sin entrar, pudieron ver cinco grandes carteles que decían:
Cartel 1. Un niños con el biberon en grande y debajo: “Demasiado perqueño para amar a Dios”
Cartel 2. Una parejita de novios dándose un beso apasionado. Debajo: “Demasiado ocupados para amar a Dios”
Cartel 3. Un ricachón, bajando de un buen coche con un puro y anillos de oro. Debajo decía: Demasiado seguro de sí para amar a Dios
Carte 4. Un banquero con cuatro teléfonos en la mesa y un móvil en cada oreja. El texto decía. “Demasiado agobiado para amar a Dios”
Cartel 5. Un difunto en un ataud. Y encima ponía. “Demasiado tarde para amar a Dios”.
Cuando llegó el señor cura para la misa, el mendigo le digo. “Señor cura, esto tiene que estar aquí cinco domingos seguidos… Y le dispenso de la limosna que me iba a dar. En en el rato que llevo, ya me han dado más del doble que otros días en el primer tiempo … Deje, deje que la gente lea los carteles. Después de me dice si sus feligreses aman más a Dios.
Ciertamente el mendigo era listo. Sabe que la gente pasa de muchas cosas. Pero cuando se da cuenta que hay que morirse y que allá en el cielo a uno sólo le preguntarán por lo que ha hecho por amor a los prójimos… se lo piensan y descubren que es bueno hacer cosas que en este mundo exprean amor y que más allá no podrán hacerlas.
Hay que amar más a Dios
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EL MENSAJE en las personas
El joyero impaciente
En Friburgo hay una joyería hermosa y selecta en una de las calles céntricas de la ciudad. Se cuenta que en un tiempo perteneció a un joyero que solía ser muy impaciente y seco en las ventas y se arruinó por falta de tacto y serenidad con sus clientes. Aunque las joyas eran buenas, el joyero no lo era.
En cierta ocasión se detuvieron dos señoras aparentemente distinguidas, mirando y remirando las piezas expuestas detrás del cristal, las cuales por cierto era de buena calidad y dignas de una emperatriz. Las dos señoras miraban y comentaban, pero no se decidían a entrar en el establecimiento.
El joyero desde dentro las observaba impaciente, hasta que al cabo de un bien tiempo no pudo más y salió a la puerta, diciendo: “Señoras, si no se deciden, siento decirlas que me van a desgastar las hermosas joyas que tengo en el escaparate.”
Las señoras, un tanto desconcertadas e incómodas por la falta de delicadeza y respeto del joyero, se marcharon apresuradas hacia otra caye en la que había uin joyería humilde. En ella parece que entraron y adquirieron algunos regalos o adornos, aunque este dato nunca se supo.
Lo que si supo es que el joyero, a las pocas horas, vio entrar a un emisario con el uniforme de la Casa imperial austriaca,m el cual traía un aviso para el joyero, escrito a mano. En él se leía: “Ruego al señor propietario de este establecimiento indique a mi servidor cuánto debo abonarle por haber desgastado las joyas de su escaparate por mirarlas durante un rato largo. Lo que crea justo e indique el señor se le abonará de inmediato”. Firmado Su Alteza Imperial
Spirago. El catecismo en ejemplos
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LOS REYES MAGOS DE UN NIÑO
José (siete años): ¿Es cierto que no es verdad lo de los Reyes Magos?
Alfonso (doce años): ¿Y quién te ha dicho que no es verdad?... Tú sabes que cuando nació el Niño Jesús vinieron unos Reyes de Oriente y le trajeron regalos. ¿No? Pues esos Reyes, que están ahora en el cielo, son los que nos traen los regalos a nosotros.
—Dicen que son los papás los que compran los juguetes y luego nos los ponen cuando estamos durmiendo.
—Los que compran los juguetes y nos los ponen en la ventana, sí que son los papas. Pero, fíjate bien, cuando rezamos el padrenuestro y decimos: «El pan nuestro de cada día dánosle hoy», ¿a quién pedimos que nos dé el pan v todas las demás cosas que necesitamos para comer?
—A Dios se lo pedimos.
—Sí, señor; a Dios. Y antes de comer también rezamos todos los días: «Bendícenos, Señor, y bendice los alimentos que vamos a recibir de tus manos». Y al terminar le «damos gracias por los alimentos recibidos». O sea que le pedimos a Dios la comida y luego le damos las gracias, como si El nos la hubiera dado. Y es verdad que El nos la da. Pero ¿has visto tú alguna vez que venga Dios mismo a dárnosla?
—No. ¡Cómo va a venir El mismo a darnos esas cosas!
—Claro que no. Es mamá la que la compra toda y nos la prepara. Y es papá el que gana el dinero para comprarlas. Pero papá y mamá son como los amigos de Dios. El nos lo da todo, pero se sirve de papá y de mamá para dárnoslo... Cuando la criada de don Cecilio nos trajo un gran pastel no dijimos que era un regalo de la criada. Era de regalo de D. Cecilio, el cual se servía de ella para traerlo. Así también los papás compran y ponen los juguetes en recuerdo de los regalos que hicieron los Reyes a Jesús. Son como criados de los Reyes.
—Entonces eso de que se suben los Reyes a las ventanas con unas escaleras que traen, o que se meten por la chimenea, no es cierto, ¿verdad?
—No, eso no es verdad.
—¿Y por qué lo dice entonces la gente?
—No sé. A mí me han dicho que esas cosas no debían decirse.
—Y esos Reyes que van en la cabalgata, ¿tampoco son los Reyes de verdad?
—Son hombre que se visten como los Reyes, igual que cuando en el teatro uno representa al Cid Campeador o al rey don Rodrigo, o a San José. Eso se hace para hacer más interesante la fiesta y para que nos recuerde mejor aquello de cuando vinieron de Oriente a traer los dones al Niño Jesús.
Conclusión. Antes de que se le despierte al niño la razón, dígasele simplemente que hay Reyes y que los Reyes traen regalos. Nada de que vienen con tal o cual aparato, ni de que entran por la chimenea, etc. Todo eso ya lo pondrá la fantasía infantil, y así no podrá decir que le hemos engañado. Lo importante es que sigue habiendo Reyes que traen regalos por medio de los padres.. Pues lo cierto es que los juguetes vienen todos los años, porque unos Reyes un día llevaron regalos al Hijo de Dios.
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Catedrático de Derecho
San Raimundo de Peñafort
El mayor sabio en leyes de la cristianas mediaeval solía decir: “Vale más cumplir una ley orque así ha sido querida por Dios a través de la Iglesia que legisla, que saberse de momoraia todas las que se han dado a lo largo de los siglo”
Nacido en Villafranca de Benadis, cerca de Barcelona, en 1175, murió en Barcelona el 6 de enero de 1275. Se convirtió en profesor de derecho canónico en 1195 y enseñó durante 15 años. Dejando España se marchó a Bolonia en 1210 para completar sus estudios de derecho canónico. Ocupó una cátedra en la universidad por tres años y publicó un tratado de legislación eclesiástica que aún existe en la Biblioteca Vaticana.
Raimundo fue atraído a la orden dominicana gracias a la predicación del Beato Reginaldo, prior de los dominicos en Bolonia, y recibió el hábito en el convento dominico de Barcelona, a donde había vuelto de Italia en 1222. Junto con San Pedro Nolasco, fue cofundador en Barcelona de la orden de los Mercedarios. También fundó, en Barcelona y Túnez, institutos para el estudio de lenguajes orientales, con el propósito de convertir a los moros y judíos.
Por petición de sus superiores, publicó la Summa Casuum, de la que aparecieron varias ediciones en los siglos XVI y XVII. En 1229 Raimundo fue nombrado teólogo y penitenciario. Lego en 1230, Gregorio IX, le confió la labor de recopilart todas las normas en uso en la Iglesia y que había sido dadas endiversos documentyos del Papa y der los Concilios.
Hubo necesidad de rescribir y condensar decretos que se habían venido multiplicando durante siglos y que se encontraban contenidos en cerca de doce o catorce colecciones. El Papa anunció la publicación de una nueva bula dirigida a todos los doctores y estudiantes de Paris y Bolonia en 1231 y ordenó que sólo se reconociera como autoridad el trabajo de San Raimundo y que solamente él se utilizara en las escuelas. Cuando Raimundo completó su obra el Papa lo nombró Arzobispo de Tarragona, pero el santo declinó ese honor.
Volvió a España una vez que terminó de editar las Decretales. Pero no se le permitió permanecer largo tiempo en reclusión, pues fue elegido superior general de la orden en 1238, aunque renunció dos años después. Durante su permanencia en el puesto publicó una edición revisada de las constituciones de la orden dominicana. Y fue por expresa orden suya que Santo Tomás escribió la Summa Contra Gentes. San Raimundo fue canonizado por Clemente VIII en 1601. Su Summa de Poenitentia et Matrimonio es famosa por ser la primera obra de ese tipo. Su fiesta se celebra el 7 de Enero. |