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IDEAS PARA LOS CATEQUISTAS

INFORMACION PARA LA PROPIA FORMACION

- I -
El Catequista y el Profesor tienen que variar los lenguajes
Es la condición para hacer interesante el MENSAJE

[7.1]

 

 

 

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LOS LENGUAJES SON INSTRUMENTOS
 
DEBEN ADAPTARSE AL PERSONAJE

 

¿Y QUÉ SON LOS LENGUAJES?

  Saber usar lenguajes diferentes es como saber hablar idiomas. Quien habla inglés o ruso puede comunicarse con los ingleses o con los rusos. Quien no habla idiomas experimenta dificultades para "relacionarse con otros", no se hace entender, no transmite toda la riqueza que lleva dentro.
    El catequista, como cualquier educador, tiene que saber hablar diversos lenguajes. Y tiene que "hablarlos" con frecuencia y con corrección, o al menos con suficiencia. Es la condición para hacerse entender y mantener la atención del destinatario y de realizar la necesaria comu­nicación del mensaje.
    No es difícil conseguirlo, sobre todo si se tiene ilusión por comunicar el mensaje que se lleva dentro. Para ello hay que aprenderlos y hay que cultivarlos. Si el catequista cultiva "idiomas catequísticos", pronto verá que sus catequesis son interesantes, que los resultados mejoran y que se siente él mismo más satisfecho por lo que hace. Si no los cultiva no podrá librarse de la monótona palabra oral o escrita y se sentirá incom­prendido por sus catequizandos.
    1. Valor de los lenguajes
   Es preciso dirigirse a los catequizandos con riqueza de formas, con variedad de procedimientos, con vida movida en los vehículos de comunicación. Cuantas más formas se usan con habilidad en la catequesis, más se puede llegar al corazón y a la mente del catequizando.
    Esto es importan­te, sobre todo en nuestros días, pues los niños y los jóvenes "consumen" mil lenguajes diversos que entran por los ojos, por las manos, por el movimiento, directamente o por medio de las máquinas y artilugios que se inventan para la comunicación.
   Un catequista que se empeña en usar sólo la palabra, la explicación oral, durante una hora de catequesis, olvidando que sus niños pasan unas tres horas diarias de media ante la pantalla de TV, camina al fracaso. Tiene que lograr que sus catequizandos, como hacen en su vida escolar, escriban, discutan, investiguen, jueguen, dibujen, hagan experimentos, manejen un ordenador si la ocasión se tercia

Riesgos de los lenguajes

   Son los mismos de toda comunicación humana. Y en la medida de lo posible habrá que evitar el caer en la trampa o en el error que la excesiva proliferación de ellos representa.
   - La superficialidad lleva a usar cualquiera en forma inoportuna. Se emplean sin discreción y se cae en cierta inconsciencia. Si fueran verbales lo llamamos palabrería inútil. En referencia a los demás es preferible hablar de esterilidad y ligereza.
  - La inoportunidad conduce a usar cualquier cosa en cualquier momento. Brota de la pobreza de tacto pedagógico y es propio de mentes irreflexivas e improvisadoras.
   - La vanidad puede acechar a quien mira más el lucimiento personal que la eficacia formativa. Está bien que salgan las cosas perfectas. Pero lo importante es que resulten auténticamente provechosas.
   - la subjetividad es la actitud de quien cree que algo es excelente por resultar ocurrencia propia. Lo importante no es ser original, sino poder hacer de cada lenguaje un cauce de comunicación.
   La "impiedad" es la insensibilidad religiosa y conduce a usar lenguajes en la tarea catequística del mismo modo que se usan en otros terrenos profanos. El mensaje del catequista es directa o indirectamente religioso, es decir referido a Dios y a sus cosas. Hay que saber impregnar los lenguajes usados de cierto tono piadoso discreto, cordial, moderadamente espiritual y evangélico.

HABLAR

 

 

DEBEN AJUSTARSE A CRITERIOS CLAROS

Uso múltiple de lenguajes variados
   La ley de los lenguajes es la variedad y la diversidad para lograr la comunicación mediante el interés y la atención. Dominar múltiples lenguajes hace posi­ble aportar a la catequesis una brisa fresca de comunicación agradable y de relación abierta y provechosa con los destinatarios del mensaje.
   Siempre ha sido necesario "dominar idiomas...", "hablar lenguas...", diversificar los cauces de comunicación. En nuestros tiempos es mucho más necesario todavía, pues el mundo se ha hecho más plural, los hombres son más fugaces y cambiantes en las intercomunicaciones, los encuentros se hacen flexibles, las posibilidades de acercamiento son cambiantes.
   Todo ello no es posible sin riqueza expresiva, sin agilidad mental, sin cauces adecuados en cada momento.
   Un catequista que hoy se contenta con hablar... hablar... hablar... para que el catequizando se limite a escuchar... escuchar... escuchar... corre el riesgo de la incomunicación, y ello significa esterilidad, aburrimiento y en ocasiones empobrecimiento profesional.
   1. Criterio de oportunidad
   Es preciso buscar en el abanico de lenguajes cuál puede ser más "comunicativo" en cada momento, según el mensaje, según el sujeto que lo recibe y según las circunstancias de tiempo, lugar y situación.
   Hay que estar dispuestos a ser capaces de emplear varios y a emplear de hecho los mejores. Esto supone preparación en el catequista y la preparación reclama búsqueda, discernimiento y experiencias.
   Al cabo de algún tiempo de diversificar los lenguajes, se suele conseguir gran capacidad expresiva y receptiva: la expresiva en el educador y la retentiva en el que es educado.
   Lo importante es tener tacto para hacerlo todo con oportunidad y con ele­gancia, de modo que cada acto catequístico sea modelo de conexión con el catequizando.
 
  2. Criterio de asequibilidad
   Los catequistas tienen que estar seguros de que pueden usar muchos lenguajes, pues muchas veces pueden sentirse temerosos de acertar o de no ser entendidos si usan algunos sin seguridad.
   Incluso quienes creen que no tienen cualidades para algunos lenguajes expresivos que se sugieren, terminan sorprendiéndose de sus capacidades ocultas cuando las descubren.
   Nadie diga que no sabe dibujar, que no entiende fotografía o que no maneja el ordenador personal. Cualquiera que se empeña en poco tiempo aprende a configurar un montaje audiovisual o una emi­sión de radio para unos eventuales oyentes. Quienes creen que no tienen cualidades para algunas de las formas expresivas que se sugieren, terminan sorprendiéndose ante sus capacidades ocultas, desconocidas, dormidas, en las cuales nunca habían pensado.
   No asumir esta actitudes de apertura y flexibilidad conduce a refugiarse en la timidez o en la comodidad. Esto equivale a cegarse y bloquearse en la comunicación.
  Y sólo consigue la apertura y el dominio de lenguajes quien es constante, reflexivo y fiel en el proceso de su formación y, en ocasiones, un poco audaz.
   Resulta muy formativo el ensayar con los catequizandos el uso de lenguajes diversos, no como forma de juego, sino como estímulo para la acción. Y hay que saber aprovechar las experiencias positivas que con ellos se van haciendo. Todo es bueno, menos la pasividad, ya que ser catequista es ser animador, formador y educador de la fe.
   3. Criterio de creatividad
   Todo ello supone acción, orientación, compromiso y espíritu de servicio a los catequizandos. Y supone también variedad creatividad y entusiasmo. El catequista debe formarse poco a poco, con paciencia, constancia, habilidad mental y espíritu de sencillez en diversidad de lenguajes.
   Tiene que poseer apertura de mente y estar disponible para cantar y rezar, para sacar una fotografía y para comentar una película, para manejar un ordenador y para preparar una plegaria.
   Los idiomas sólo se aprenden y se dominan con la práctica y con el tiempo suficiente. es bueno que el catequista se empeñe por simple profesionalidad en ejercitarse en diversidad de formas expresivas y que dedique al empeño esfuerzo, tiempo, solidaridad y alegría. Por eso se le invita a dibujar y dramatizar, a cantar y a decorar, a jugar y a rezar.
   El catequista, cuando estudia o practica cualquiera de los lenguajes que aquí se proponen, debe entender que su misión es "transmitir" y disponer al receptor a captar. Sintonizar (mismo tono), sincronizar (mismo tiempo) y simpatizar (mismo sentimiento) son exigencias de la comunicación.

 

 

SON O PUEDEN SER MUCHOS (7.2]
 
NO TODOS VALEN LO MISMO (7.3]

 

Algunos lenguajes

  2. Diversidad de lenguajes


   El contemplar un mapa amplio de lenguajes, de instrumentos y de recursos, es una invitación para acercarse a ellos.
   Hace posible al catequista comprender que necesita diversificar sus formas y cauces de expresión.
   Sus preguntas frecuentes deben ser de este tipo:
     - ¿Cuántos de estos lenguajes soy capaz de usar con soltura y precisión?
     - ¿Cuántos suelo usar ordinariamente?
     - ¿Tengo tacto para elegir en cada momento el más conveniente?
   Son tantos los lenguajes posibles que una lista de ellos resulta desafiante para quien sólo usa la palabra y cree que ella se hace entender perfectamente.
   Pero al mismo son demasiados para no dudar cuando se elige el más conveniente o el más asequible o para quedar satisfechos después de usarlo.
 
  2.1. Lenguajes orales.
   El uso natural de la viva voz: Explicación... comenta­rio... coloquio... discu­sión... crítica... debate... pregunta... entrevista... interrogatorio...  discurso... arenga... homilía... sermón ... conferencia...  charla... rumor... murmullo...
   2.2. Lenguajes escritos.
   Palabra consignada en texto gráfico. Libro... texto... documento... cuaderno... ficha... periódico... revista... octavilla... panfleto... folleto... esquema... carta... diagrama... planigrama...  cronograma... organigrama...


 
   2.3. Lenguajes audiales o auditivos.
   Comunicación por el oído. Música... canción... banda sonora... radio ... teléfo­no...  telecomunicación... radiofonía... radiodifusión..  magnetofón.
 
 
   2.4. Lenguajes visuales.
   Transmisión por la vista.  Fotografía... póster... diapositiva... cartel... postal... pintada...  coloreado... dibujo... siluetado... cómic... caricatura... decoración... ornamentación...  murales...  figuras... modelos...
    2.5. Lenguajes audiovisuales. Armonización del oído y de vista...  Cine... video... televisión... montaje audiovisual... collage... fotomontaje... diseño por ordenador... recursos combinatorios...

2.6. Lenguajes dinámicos.
  Movimiento y dinamismos individuales o grupales. Dramatización ... mimo... guiñol... marionetas... desfiles... baile... danza... simulación... disfraces... manualizaciones... actividades plásticas...
   2.7. Lenguajes grupales.
   Compene­tra­ción e intercambio corporativo. Seminario... simposios... concur­sos ... comunicaciones... Técnicas de grupo... Phillips 6-6... técnica del caso... mesa redo­da...


   2.8. Lenguajes convivenciales.
   Fo­mento de relación e intercambio. Fiestas... celebraciones... conmemoracio­nes... juegos... concursos... convivencias... encuentros... protagonismos ambientales...

   2.9. Lenguajes artísticos.
   Expresión creadora y estética. Literatura... poesía... teatro... oratoria... periodismo...  pintu­ra... escultura... arquitectura... iconografía religiosa... heráldica...

   2.10. Lenguajes tecnológicos.
   Recursos e instrumentos mecánicos. Informática y sus elementos de software: programas religiosos... electrónica con sus múltiples cauces de telecomunicación y registro (autopistas de la comunicación ... MODEM ... teletexto...) teléfono móvil.

 

 

Y un lenguaje vivo es el de los hechos

Un ejemplo

CRISTO VIVO

   En 1944, en plena Segunda guerra mundial, hubo un desembarco en la región de Bayeux. Se inició con un bombardeo ininterrumpido y el pueblo en masa se refugió en cripta de la iglesia parroquial ante la lluvia de bombas que se desencadenó. Todos callaban mientras caían las bombas.
   De repente, un joven interpeló al cura del lugar, allí presente:
    — Señor cura, ¿está el Santísimo en la iglesia?
    — Claro que sí.
    — Voy allá. No puede quedar solo.
    — Por favor, no vayas. Puede caer una bomba en cualquier momento.
   Pero, sin aguardar respuesta, Mauricio salió disparado. Subió las escaleras de la cripta y se plantó ante el templo, ya casi totalmente en ruinas.
Los obuses llovían. El altar estaba intacto.
    En lo alto de la escalera Mauricio se para. Estaba lleno de espanto ante lo que veía.
 «En este momento—contó más tarde—recibí la mayor gracia de mi vida. Se me había dicho, cuando era un crío: Cristo está vivo. Pero, para mis adentros, yo no lo creía. Entré en la iglesia. Hice la genuflexión, aunque de hecho seguía incrédulo. Y entonces me dije: si está vivo, estará aquí. Si está aquí, ¿por qué tiemblo?»
   Y Mauricio se quedó de centinela. Se le quitó el miedo.
   Al mediodía le llevaron algo para comer.  Por la noche durmió al pie del altar.
   Al día siguiente los americanos avanzaron hasta el pueblo. La calma se restableció en el pueblo. Entre los voluntarios que pidieron para alejar a los alemanes de la región, Mauricio se alistó voluntario; marchó al frente y estuvo en diversas operacioines, persuadidi de que el Cristo vivo en el que creía le protegía. Terminó la guerra en la división Leclerc.
   Terminada la contienda regresó y se dirigió al seminario, donde pasó dos años, pero no para hacerse sacerdote; ni lo es ni lo será. Fue al seminario para conocer mejor al «Cristo vivo». Después marchó a Compiégne e ingresó en una fábrica. Quería compartir con los desheredados esa gracia inmensa, la mayor de su vida, de creer firmemente que Cristo está vivo y protege a los que en el creen.
    Al primer obrero que encontró, le detuvo v le dijo: “Has pensado alguna vez que Cristo está vivo?»
    Es fácil imaginar la reacción del interpelado. Le faltó tiempo para ir a comunicar asus camaradas que había llegado un tío original que “contaba historias de curas  y  frailes y el no lo era”.
    Durante tres meses Mauricio fue puesto en cuarentena, por si acaso estaba mal de la cabeza por sus duras experiencias en la guerra. Mauricio siguió diciendo a todos como obrero que “Cristo está vivo en nuestras vidas y que hay que creer en El“. Los obreros y la gente comenzó a tomarle en serio.
    Se llevó una alegría cuando el obrero del primer encuentro se le presentó y le preguntó:
  — Oye, ¿qué me dijiste el día de tu ingreso en la fábrica?
  — ¿Todavía quieres reírte de mí? Te lo dije y te lo repito en serio: “Cristo está vivo”
  — No me río de ti. Lo he pensado y me interesa que me hables de tu Cristo.
   El relato de lo que siguió sería interminable. Desde entonces fueron dos los que en las fábricas dijeron eso de que “Cristo está vivo”. Después fueron cuatro, y ocho y muchos más ¡Cuántas almas recibieron la luz del Evangelio gracias a este muchacho que en un instante, en pleno bombardeo y en un templo destruido, descubrió que Cristo aún vivía!
    En el momento de alzar la Santa Hostia, en la Misa, también Cristo está vivo, está presente, está real, aunque no lo veamos. Pero está vivo en muchos momentos más: en la enfermedad, en las fiestas, en los trabajos, en los funerales… ¿Por qué no le descubrimos? ¿Por qué no decimos: es el mismo que miró al joven rico, que permaneció solo frente a la adúltera que todos habían condenado, que lloró la muerte de su amigo Lázaro, que hizo andar a los paralíticos, ver a los ciegos, oír a los sordos y que ahora me dice a mí: anda, ve y oye?  ¡Si tuviésemos fe… ¿Qué distinta sería nuestra vida y que alegría habría en nuestro camino!
      Página de Pierre Hamon, «Le plus bel amour du monde», p. 121.

 
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