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IDEAS PARA LOS CATEQUISTAS

INFORMACION PARA LA PROPIA FORMACION

- I -

EL TABOR Y LA CONVERSION

 

 

 

 

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El Tabor y los montes de Palestina
 
La llamada a la conversión

 

Mateo 17,1-13; Marcos 9,2-13; Lucas 9,28-36.

 

    El monte Tabor es un monte solitario y hermoso, en el nordeste de la hermosa y fértil llanura de Esdrelón, en Galilea, la llanura tantas veces citada en la Escritura. Tiene forma redondeada. Está a 588 metros de altura. El lago de Genezaret está a menos 31 mts en relación al Mediterráneo. Desde muy antiguo se le consideró, por su enclave en el límite de los territorios de las tribus de Isacar, Zabulón y Neptalí según Jos. 19 10-34. La belleza del monte promovió cierto sentido religioso que se le atribuyó a lo largo de los siglos, incluso antes de que los israelitas llegaran a la tierra. Era monte santo para los cananeos.
 
    Los evangelistas no dicen el nombre de la montaña a donde Jesús subió con sus discípulos en el relato de la transfiguración. Pero la tradición situó el acontecimiento en la cima del Tabor, a 30 kilómetros de Nazaret, que además tiene abundante vegetación. En su cumbre fue edificada la iglesia de la Transfiguración en 1924 por el Arquitecto A. Barluzzi, que también hizo un convento y una hospedería franciscana. La fachada busca recordar la silueta de las tres tiendas a las que se refiere Pedro en el texto evangélico. Este templo guarda restos de otra iglesia del siglo IV y restos de los tiempos de los cruzados

    Desde la cima del monte Tabor se contempla una de las vistas más bellas de la tierra de Israel. A los pies del Tabor se extiende la llanura de Esdrelón o de Yizreel, que significa “Dios lo ha sembrado”. En ella resalta la exuberante fertilidad de esta tierra (Oseas 2, 23-25). Yizreel es un extenso valle en forma de triángulo, que flanquean el monte Carmelo, los montes de Gelboé y las montañas de Galilea. Servía para comunicar la Palestina occidental con la oriental y fue por esto escenario frecuente de guerras y batallas de gran trascendencia en la historia de la nación.

  El monte Hermón marca el límite norte de la Tierra prometida por Dios a su pueblo. Era considerado como el guardián de la nación. Está siempre cubierto de nieve (Salmo 133) y hoy se halla en el contesto de los “altos de Golán, pertenecientes a Siria en la participación de Palestina de 1948, pero ocupados por Israel en 1967.

 

Maria Magdalena

modelo tradicional de penitentes

Oración del catequista

copiada de una escuela de Catequistas

Me has llamado, Señor,
a continuar la tarea de anunciar el Reino que comenzó tu Hijo Jesús.
Con los profetas, quiero gritar:
«Mira, Señor, que no soy más que un niño que no sabe hablar».
Con María quiero rezar.
Aquí estoy. Hágase según tu palabra.

Tú Señor, conoces toda mi vida, mis dudas y mi fragilidad,
mis pasos vacilantes
y mi confianza en ti.
No puedo presumir de nada. Sólo quiero que mi vida
esté a disposición del Evangelio para que tu nombre sea conocido y ensalzado por todos.

Señor, pon calor en mis palabras, coherencia en toda mi vida
para que mis gestos y palabras: interroguen al que busca, calienten el corazón de los fríos, animen los paso de los que vacilan, aviven la vida de la comunidad.

Que la fuerza del Espíritu
me acompañen siempre
y me inspire lo que es justo y oportuno para hacer resonar tu mensaje
a quienes confías a mis cuidados.

Mántenme en actitud de escucha y de diálogo contigo
para que tú seas la fuente primera de mi sabiduría y experiencia de fe.

Amén.

 

 

 

Los otros montes

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    El monte Ebal y el Garizim, que se hallan en tierras samaritanas, fueron escenario de uno de los momentos más solemnes de la historia del pueblo (Josué 8, 30-35). Dos montes sagrados para los samaritanos en tiempos de Jesús, aparece en la conversación de Jesús con la Samaritana

    En los montes de Guelboé los israelitas fueron vencidos por los filisteos y fue allí donde murió Saúl, el primer rey de Israel, y su hijo Jonatán (1 Samuel 31, 1-13; 2 Samuel 1, 17-27).

   El monte Carmelo fue la patria del profeta Elías. El Carmelo, cuyo nombre significa “jardín de Dios”, es una montaña muy fértil, de unos 20 kilómetros de extensión, situada entre el mar Mediterráneo y la llanura de Yizreel. Allí realizó algunos de sus signos más espectaculares el profeta Elías (1 Reyes 18, 16-40). En la actualidad se le llama al Carmelo Yebel-mar-Elyas el “monte de San Elías”, y multitud de peregrinos acuden a venerar al primer gran profeta de Israel en una cueva excavada en la base del monte. Allí rezan y se reúnen en romerías festivas, con cantos y comidas simbólicas.
 
     Elías (su nombre significa “Yavé es Dios”) vivió unos 900 años antes de Jesús. Fue el gran profeta del reino del norte de Israel, cuando la nación se dividió en dos monarquías. La popularidad de Elías fue inmensa y el pueblo tejió alrededor de su figura todo tipo de leyendas. Se decía que no había muerto, sino que subió al cielo en un carro de fuego y que volvería de nuevo para abrirle camino al Mesías. Estas ideas estaban vivas en tiempos de Jesús. En el relato lleno de símbolos de la transfiguración de Jesús, Elías no podía dejar de aparecer junto a él, para garantizarle su espíritu profético y sobre todo, como testigo de que Jesús era el Mesías esperado.

     El Sinaí es la montaña de Moisés, situada ya en la península del Sinaía, territorio perteneciente hoy a Egipto. También se le llama en la Biblia monte Horeb. Es la montaña más sagrada para Israel.  En su ladera se apareció Dios a Moisés en una zarza ardiendo y reveleo su nombre de Yahvéh. Más tarde en su cumble rocosa le entregó los mandamientos e hizo alianza con el pueblo cuando marchaba por el desierto. El Sinaí está situado en pleno desierto, en una zona habitada únicamente por beduinos.

    Moisés vivió 1.200 años antes de Jesús, en tiempos de Pi-Ramsés, el faraón que quiso contruir su capital en el norte, en las inmediaciones de la tierra de Gosen, la actual tierra inmediata al enclave palestino de Gaza. Moisés fue para Israel padre y liberador. Fue el que lo formó y lo guió hasta la Tierra Prometida, el hombre excepcional que habló con Dios cara a cara. Y, sobre todo, fue el Legislador, el que dio a Israel la Ley Santa. Ninguna figura bíblica tenía tanto peso ni tanta autoridad como Moisés. Por eso, debía aparecer junto a Jesús en el simbólico relato de la transfiguración, como expresión de que se iniciaba una nueva alianza y como garantía de que Jesús heredaba las mejores tradiciones de su pueblo.

    Para la mentalidad israelita, la montaña, por su mayor proximidad al cielo, era el lugar donde Dios se manifestaba. Otros pueblos vecinos -los asirios, los babilonios, los fenicios- pensaron de la misma manera. El monte era el lugar santo por excelencia. Más adelante, surgió otra idea complementaria: Dios elige algunos montes como especial morada suya. Y así, innumerables veces se habla en el Antiguo Testamento del monte Sión, en Jerusalén, como lugar elegido por Dios para vivir, como sitio del banquete de los tiempos mesiánicos. Además, una antigua tradición de Israel llamó a Dios con el nombre El-Sadday, que significa “Dios de las montañas” (Génesis 17, 1-2).

    Con varios elementos simbólicos -monte sagrado, Moisés (la Ley), Elías (los profetas), la nube (que también aparece en el Éxodo), la luz resplandeciente, los evangelistas resumieron el relato de lo que aconteció en el Tabor con la transfiguración, signo que Jesús quiso ofrecer a tres discípulos poco antes de la pasión, con la intención de que luego fueran consuelo y apoyo de sus compañeros cuando todo pareciera acabar en el Monte del calvario.

   La teofanía (aparición de Dios) del Tabor tiene un cierto eco, al estilo de muchas de las teofanías del Antiguo Testamento: Éxodo 24, 9-11 (Dios se aparece a Moisés y a los ancianos); 1 Reyes 19, 9-14 (Dios se aparece a Elías en el viento); Ezequiel 1, 1-28 (Dios se aparece al profeta Ezequiel en un carro). En todas ellas existen  elementos simbólicoscomunez: subida, sorpresa, palabras divinas, reclamo a la espernza. En el relato de la transfiguración de Jesús, las palabras de Dios son las del Salmo 2: “Tú eres mi Hijo amado”. Reclaman la atención de los testigos: Dios ama a su elegido y mo le va a dejar de su mano.

 

Ejemplos para contar
 
Y ejemplos para pensar (7.3]

 

http://data1.blog.de/blog/e/elmundoaldia/img/Crucifijo.jpg

EL SANTO CRUCIFIJO

  Aconteció en un país que esta en la región comunista y en estado de persecución religiosa
   Georges W., jefe del grupo católico, vuelve a su casa después de su trabajo. Pequeño de estatura, pero decidido, llevaba pendiente del cuello la cruz de plata, insignia de los católicos de la zona oriental.
    Pasa por allí una cuadrilla de la F. D. J. (juventud comunista) que le pregunta:
   — ¿Qué significa esta insignia?
   — Significa que soy católico— responde Jorge sin vacilar.
   — Esto es una insignia ilegal. Sígame al cuartelillo. Jorge es interrogado:
   — ¿Quiénes son tus jefes? ¿Cuáles son sus nombres? ¡Vosotros os metéis en política!
   El joven responde sin titubear:
  — Nosotros somos un grupo religioso.
  El comisario le arranca la crucecita y le grita:
  — ¡Vete!
 Jorge contesta: ¡Quiero antes mi cruz!
  —¡Ya puedes esperarla!
  — Esperaré cuanto guste. Tomando una silla, se sienta.
  El policía no sabe qué responder. Le deja que se siente. Pasa media hora, una hora, hora y media... Jorge está todavía esperando.
  Después de dos horas, cansado, el comisario, toma la cruz y la echa a los pies de Jorge:
  — No se echa así la insignia de Dios, dice Jorge levantándose, y sale besando religiosamente la cruz.
 

  LAS MANOS LLENAS

 Una joven moribunda sentía la angustia de la muerte Sentía que había gastado los años de su vida corriendo tras los placeres y vanidades de la tierra, ya en el lecho del dolor se miraba las manos, diciendo: "¡Tengo las manos vacías! ¡ Las tengo vacías!" El sacerdote que la asistía tomó un crucifijo y, poniéndoselo en las manos, le dijo: "Esas manos ya están llenas".
   El crucifijo en las manos de un moribundo es el mayor consuelo y mejor tesoro.

  Niño albanés.

   Era el año 1951. A un niño de Ibak (Albania) quiso un tío suyo, mahometano fanático y muy violento, obligarle a escupir a un crucifijo. El niño, que había ido a una escuela cristiana y estaba educado en forma católica se negó. Tomo la cruz y comenzó a besarlo.
   Después de una violenta discusión con él, herido en el amor propio tomo una arma y le amenazó. “O pisas esa cruz o te dos dos tiros”.
   Tío , puedes hacer lo que quieras, pero yo no piso a Jesucristo pues yo le amo mucho y no puedo hacerlo
    El salvaje familiar disparó dos veces al aire cerca de los oídos del muchacho
    Te repito que no me asustas – le dijo el muchacho. Y te advierto que si me matas, Jesús me recibirá en el cielo y seré feliz siempre. Y tú recibirás el castigo de Dios
    Rabioso ante la actitud valiente del chico, le disparó al pecho
    Cayó en el suelo la víctima y antes de expirar apretó la cruz contra sus labios y murio diciendo “Jesús, yo también muero como tu…”

 

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Los niños de la escuela.

   En octubre de 1937, el alcalde de Reus ordenó que la Brigada Municipal pasara con un carrito de mano por las escuelas públicas para ir arrancando todos los crucifijos de las aulas y llevarlos al desván del Ayuntamiento.
   Los niños de la escuela se opusieron, pero nada pudieron, de modo que los crucifijos les fueron arrebatados de las manos y se lo llevaron
    Pero ellos, al sentirse incapaces de oponerse a la medida del alcalde, compraron otros con el dinero que pudieron recoger y todos los días llevan uno entre los libros

El crucifijo del pastor.

Al terminar una misión se distribuyeron por los sacerdotes que la habían dado diversos  crucifijos para entronizarlos en las casas. Terminado el reparto, se acercó un niño pidiendo uno para sí.
 "No tenemos para todos", le contestamos. "¿Vives solo en algún cuarto?"
  “No señor, yo soy un pobre pastor y no tengo cuarto", contestó.
  "Pues, ¿dónde duermes?"
   "En la cuadra, con los bueyes."
   "Y entonces, ¿dónde vas a poner el crucifijo?"
   "Al lado de mi cama, en la pared."
  "¿Y para qué quieres el crucifijo?"
   "Para que me haga compañía, por que me siento muy sólo."
Estas palabras, que fueron pronunciadas con mucha piedad, enternecieron a los misioneros. Le dieron un hermoso crucifijo y lograron que unas señoras le dieran una limosna y que en adelante una de ellas le dejara dormir en su casa.

   EL SANTO CRUCIFIJO. Un enemigo de la Cruz.

   Eichesheit es un pequeño pueblo alemán cerca de la frontera germano-belga. Por allí pasaba la célebre y defensiva línea Sigfrido durante la segunda Guerra mundial, y miles de obreros trabajaban con febril actividad para levantar imponentes fortificaciones de cemento.
    A esa babel llegó un obrero nuevo, que en vano buscaba alojamiento. Por fin, una buena mujer le ofreció un cuarto en lo alto de la casa. Sube nuestro interesado, inspecciona el cuarto, y ya iba a cerrar el trato, cuando, viendo un crucifijo en la cabecera de la cama, vomita una horrible blasfemia.
— Mujer, usted quita "esto" o si no... Y su rostro expresaba el odio que encerraba su corazón.
   La mujer quedó horrorizada, y mirando con amor al Santo Cristo, contesta
Si a usted no le gusta este cuarto, búsquese otro, pero el Crucifijo quedará
En vano fue buscando otra vivienda: era tan grande la afluencia de trabajadores que no encontró alojamiento en ninguna parte. Por la tarde volvió de nuevo y se convino en el alquiler de aquella habitación.
    En cuanto al crucifijo, ya que la terca mujer no quiere ceder, prometió dejarlo
Llegada la mañana del día siguiente, y según estaba convenido, la dueña llamó a su inquilino, pero no obtuvo respuesta. Entonces, turbada, fue en busca de la policía. Derriban la puerta... y encuentran al hombre sentado sobre la silla; en sus manos está el crucifijo, arrancado de la pared. Lo tiene apoyado contra la rodilla y en actitud de romperlo. Pero él estaba muerto.

No se puede mostrar la imagen “http://www.solunet.es/~blesa/fotos/crucifijo.jpg” porque contiene errores.

 

 
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