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IDEAS PARA LOS CATEQUISTAS

INFORMACIONES PARA LA PROPIA FORMACION

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Datos de la pasion del Señor

 

 

 

 

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RESUCITO
 
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LA RESURRECCION

   No hay fiesta y hecho que más condi­cione la catequesis cristiana que el misterio y el milagro de la Resurrección.  Y, por eso, no hay referencia más viva y cautivadora para el catequista que el hecho e que Cristo ha resucitado.
    En el terreno instructivo, hay que saber presentar el hecho y el misterio de forma sincronizada. Ni se trata de relatar sin más el acontecimiento, al margen de su significado misterioso, ni se trata de entrar a fondo en las polémicas teológicas a que se presta este singular acontecimiento de la Historia de la salvación.
    Y desde la perspectiva de la fe, es preciso resaltar en todo momento lo que la Resurrección representa para el creyente en Jesús.
      - No hay fe firme, si la certeza de que Cristo ha resucitado no se apodera de la mente del cristiano.
      - No hay esperanza posible, si no vemos en la Resurrección de Jesús el modelo de la nuestra.
      - Y no hay amor auténtico a Jesús, si Cristo no ha resucitado.
   Si sólo nos quedamos en la simpatía y en la admiración por el personaje que vivió hace dos milenios. Nuestro amor es para el Jesús vivo que habita entre nosotros. Bueno es, en este terreno doctrinal y espiritual de la Resurrección tener en cuenta tres consignas condicionantes de la catequesis cristiana

   1. Es conveniente atenerse en termi­nología y en conceptos a los modos de hablar de la Iglesia, evitando polémicas inútiles, sobre todo fuera de contextos intelectuales. Se corre el riesgo de la inadaptación o de la inoportunidad.

   2. Como hecho evangélico, hay que preferir en todo momento los términos bíblicos sobre otros más filosóficos o teológicos. Conviene tenerlo en cuenta cuando de niños y adolescentes se trate.

   3. Hay que resaltar la dimensión personal de la Resurrección de Jesús. Es algo que afecta a cada cristiano en concreto. Se debe evitar la generalización o la dispersión, como si de una doctrina especulativa se tratara. Jesús vivo nos afecta a todos los creyentes en grupo, a la Iglesia, pero también a cada uno en particular.

 

 

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Sentido del Domingo

   Los cristianos celebramos con regocijo, oración y descanso el domingo, por que es el recuerdo de la Resurrección de Jesús. Domingo significa Día del Señor. En el primer día de la semana judía, Jesús venció a la muerte. Los primeros cristianos comenzaron muy pronto a reunirse en ese día para orar y para celebrar con alegría la Resurrección de Jesús y la venida del Espíritu Santo.
   Son dos mil años los que hemos estado celebrando esa fiesta de amor y de fe. Este tiempo ha dejado una trayectoria de recuerdos que están asociados al domingo, al día de descanso, de plegaria, de recuerdo.
   Cada pueblo creyente celebra un día a la semana de descanso y de fiesta, en parte religiosa y en parte social. Los judíos celebraran y siguen celebrando el sábado, séptimo día del calendario del Oriente arameo, recordando el descanso del Creador en el relato bíblico de la creación. Los mahometanos celebran el viernes, por sus recuerdos de ayuno profético en honor de Ala y de la purificación del mal.
    Los cristianos tienen una razón más profunda que cualquier otra religión para celebrar el primer día de la Semana. San Jerónimo escribía: "El día del Señor, el día de la Resurrección, el día de los­ cristianos, es nuestro día. Es el día en que el Señor subió victorioso. Los paganos lo llaman el día del sol. También nosotros lo haceos así con gusto, pues es el día en el que ha aparecido la luz del mundo y en el que ha amanecido el sol de justicia cuyos rayos traen la salvación." (Homilías pascuales)

   9.2. La celebración pascual

   Pero donde la Iglesia se entrega a una celebración magnífica e insuperable es en la Pascua del Señor, o fecha admirable en la que se une el Antiguo Testamento con el Nuevo.
   Si en la Pascua judía se celebraba la liberación de Egipto, con el paso del Mar Rojo, en la Pascua cristiana se conmemora la grandeza de la salvación conseguida por Jesús con su triunfo sobre la muerte.
    La Pascua es la fiesta más impresionante y solemne de los cristianos, precisamente por que es la celebración de la Resurrección el Señor, el gran misterio que lleva al corazón y a la mente del cristiano la fuerza de la fe y de la vida.

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Ejemplos para contar
 
Y ejemplos para imitar (7.3]

Apariciones de Jesús

A las mujeres.

   Mientras iban a llevar el anuncio de los ángeles a sus discípulos, Jesús les ofreció un nuevo signo. Salió al encuentro: "No tengáis miedo. Id y llevad mi noticia a mis hermanos. Decidles que se dirijan a Galilea, que allí podrán verme." (Mt. 28.10)

A los de Emaús.

   Cami­naban hacia la aldea bajo la angustia, el desconcierto y la decepción. Jesús se juntó en el camino: "Sólo tú eres el forastero que no sabes lo que ha pasado estos días en Jerusalén."
   Jesús le explicó la situación: “¡Qué necios y lentos sois para comprender y cuánto os cuesta creer lo dicho por los profetas! ¿No tenía que sufrir todo eso el Mesías antes de entrar en su gloria?
   Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó cada pasaje de la Escritura que se referían a él mismo" (Lc. 24. 13-33)
   Cuando se les dio a conocer en el partir del pan, regresaron a Jerusalén para narrar su experiencia.

A los Apóstoles

   Discutían, oraban, comentaban y esperaban desconcertados. Tenían las puertas muy cerradas, por miedo a los judíos. Habían perdido el sentido de su vida al faltar en ellas la palabra de Jesús. También para ellos, los amigos de Jesús, hubo una palabra de presencia y una luz de orientación.
   "Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con vosotros". Sorprendidos y asustados creían estar viendo un fantasma. Jesús les dijo: ¿Por qué os asustáis y dudáis tanto en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocad y mirad. Los fantasmas no tienen carne ni huesos y ya veis que yo los tengo".    (Mc. 16. 14-18)

A Tomás y a los discípulos

   Reviste especial interés por su referencia a la fe de sus seguidores. Tomás no había estado en la anterior aparición, no creyó que fuera real y afirmó desafiantemente la imposibilidad de tal acontecimiento. "Si no meto mis dedos en las heridas de sus manos y mi mano en la llaga de su costado, no creeré."
   Jesús vino a los ocho días. Y al decir a Tomás, que hiciera lo que él mismo había reclamado, Tomás creyó y terminó declarando: "Señor mío y Dios mío".
   Jesús le reconvino, como aviso para los demás: "Tú has creído, Tomás, porque has visto. Dichosos los que, sin haber visto, crean" (Jn. 20. 24-29)
  La figura del incrédulo Tomás quedará como prueba contundente del hecho.

 

 

 

 

 

  

Apariciones en Galilea
 
   En las primitivas comunidades cristia­nas, los recuerdos sobre Jesús eran muchos y diversos. Con el tiempo se fueron ordenando en su mente, pero los testimonios fueron concordes.
   Es normal que las diversas tradiciones o relatos se superpusieran en los textos evangélicos, divinos por inspirados, humanos por ser redactados con sentimientos, recuerdos y doctrinas transmitidas por los hombres cambiantes.
   Un conjunto interesante de relatos en torno a las apariciones de Jesús se sitúan en Galilea, y acontecieron por explícito deseo de Jesús.

  Se apareció a los Once.

   En el monte de Galilea al que Jesús les había indicado dirigirse, aunque dice Mateo, parco en pormenores, que todavía dudaban algunos. "Los Once fueron a Galilea, al monte que les había indicado. Allí encontraron a Jesús y le adoraron, aunque algunos todavía dudaban." (Mt. 28. 16-20)

   En el Lago.

   En una ocasión, Jesús facilitó a los Apóstoles una pesca milagrosa. Hasta 153 peces grandes quedaron en la red, cuando hicieron lo que el Señor les decía desde la orilla.
   En tierra comieron los peces que ya tenía el Señor sobre unas brasas. Y nadie se atrevía a preguntarle quién era. Todos sabían que era el Señor.
  "Después de la comida, Jesús preguntó a Pedro tres veces: ¿Me amas más que éstos?... Y terminó diciéndole: "Apacienta mis ovejas." (Jn 21. 1-19)   

  A Quinientos hermanos

   Incluso S. Pablo nos alude a una aparición a unos quinientos hermanos, tal vez en Galilea. Ello quiere decir que sus apariciones no fueron ni reservadas o en secreto o sospechosamente restringi­das:
   "Resucitó al tercer día, como lo anunciaron las Escrituras y se apareció a Cefas primero y más tarde a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayor parte de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto ya. Y también se apareció a Santiago y luego a todos los Apóstoles. Y por último se me apreció a mí..."   (1. Cor 15.3)
    Es evidente que los testigos evangélicos no recogen todos lo hechos postre­surrecionales de Jesús. Otros muchos signos hizo con ellos durante un tiempo y quedaron, sin duda, en el misterio

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