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IDEAS PARA LOS CATEQUISTAS

INFORMACIONES PARA LA PROPIA FORMACION

- I -

¿Qué decimos de la Eucaristía?

 

 

 

 

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RESUCITO y SE QUEDO CON NOSOTROS
 
ESTA PRESENTE Y CERCA

 

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EUCARISTIA

 El cristianismo posee un dogma y un misterio singular que no tiene compa­ración con ningún dogma o misterio de las demás religiones de la tierra. Es la Eucaristía. En ella está la presencia sacramental del mismo Cristo en las comunidades de sus seguidores.
   Los datos de este misterio y dogma son asombrosos:
      - El mismo Jesús, Hijo de Dios, se mantiene en sus templos, iglesias y capillas, en donde se venera de modo especial en el altar. Se  conserva una "reserva" del pan ofrecido y transformado en el sacrificio eucarístico.
      - Los enfermos, presos y necesitados pueden beneficiarse de la unión total con sus hermanos a través de él. Y se apro­vecha su conservación para venerarlo como recuer­do vivo del Señor.
      - Se man­tiene en un sagrario o depó­sito, que actúa como de santuario. Y muchos creyentes multiplican sus muestras de respeto al Señor allí presente de manera misteriosa y real. A lo largo de la Historia ese culto eucarístico ha multiplicado las muestras artísticas de todo tipo y, sobre todo, los gestos de fe y de plegaria con este motivo.
  - Los cristianos acuden a la celebración de la Eucaristía cada domingo y las iglesias se llenan de personas creyentes que oran y recuerdan a Jesús, y no simplemente "cumplen con la Iglesia" asistiendo a ese acto religioso.
  - Se celebra con devoción en muchos ambientes el recuerdo de ciertos días como el Jueves Santo, en el cual Jesús celebró la Pascua con los discípulos.
  - Muchos grupos cristianos adultos y juveniles selectos se reúne para celebrar el Sacrificio de la Eucaristía y sienten la presencia del Señor en medio de ellos.
  - Se han multiplicado en la Historia las devociones y las tradiciones eucarísticas. Su han promovido cofradías y asociaciones para adorar al Señor oculto en las especies de pan y de vino. Se multiplican los actos religiosos que tienen como centro a Cristo presente en el altar

   Sacramento de amor

     Hay quien puede sentir dudas de que sea tan real la presencia de Cristo en medio de sus seguidores. Pero son muchos lo que creen en ella y llaman al signo sensible de esa presencia, el pan y el vino, el sacramento del amor. Acep­tan con fe la realidad del milagro y del misterio.

  Sacramento de recuerdo

   La presencia de Jesús en las especies eucarísticas de pan y de vino, substancias reales antes y apariencias o accidentes después de la transformación, se realizó cuando El mismo se lo comuni­có a sus Apóstoles en la última Cena. Luego se repitió cuantas veces ellos y sus sucesores repitieron lo que el Señor hizo y les mandó hacer.
   Interesa recoger cómo lo refleja el Evangelio, pues es la fuente de nuestra fe en tan singular misterio. Si el mismo Jesús no lo hubiera dicho con claridad, nos costaría mucho concebir una maravilla semejante.

 

 

 

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Significado  

JESÚS EN EL SAGRARIO

    Es la fiesta del Corpus Christi

   
   Fiesta litúrgica en honor del cuerpo y Sangre de Jesús que se celebra en la Iglesia  el jueves siguiente al domingo de la Stma. Trinidad.
    La piedad popular hizo a esta fiesta en honor de la Eucaristía una verdadera explosión de devoción, en parte por la excelencia sublime del ministerio que conmemora casi como reacción de los pueblos católicos ante la frialdad protestante con respecto al misterio de la presencia real de Cristo en el pan.
    Entre los primeros documentos cristia­nos, además de los bíblicos, que hablan de la exaltación eucarística, están las "Apologías" de San Justino en el siglo II.
    Mas la devoción específica y centrada en la presencia de Cristo procede de la Edad Media. La ciudad de Lieja resalta por ser donde la monja cisterciense Sta. Juliana de Monte Cornillon, después de una visión en que una luna llena con una franja vacía indicaba que faltaba una fiesta en la Iglesia, consiguió del Papa Urbano IV la estableciera en el año 1264 y que Santo Tomás de Aquino compusiera los bellos textos que hoy todavía son admiración de los estudiosos por su creatividad y profundidad.
   Esos himnos, como "Pange lingua" y el final "Tamtum ergo", "Adorote devote", "Lauda Sión", "O salutaris hostia", "Oh sacrum convivium " han pasado a ser piezas claves en las histo­ria de la liturgia católica y del arte musical cristiano.
   La piedad popular con sus procesiones solemnes, sus costodias monumentales exhibidas en carrozas sorprendentes, las lluvias de flores y las músicas exultantes, son una fuente de inspiración sobre el poder de atracción de este augusto sacramento.
  En catequesis interesa educar la conciencia recta del catequizando para que sepa apreciar las explosiones populares de piedad, pero teniendo en cuenta la dimensión profunda de la fe (Revelación, palabra de Dios, misterio) y no solo el aspecto exterior.

 

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Ideas para pensar

 
Mensajes para vivir

 

 S. Lucas lo relata así: "Cuando llegó la hora, Jesús se puso a la mesa con sus discípulos. Entonces les dijo: Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con vosotros antes de mi muerte! Pues os digo que no volveré a comerla hasta que la realice en el Reino de Dios.
   Después tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos diciendo: Tomad esto y comed todos de ello, pues esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. Haced siempre esto en recuerdo mío.
   Y lo mismo hizo con la copa, después de haber cenado, y les dijo: Esta copa es la nueva alianza, confirmada con mi sangre y que va a ser derramada." (L­c. 22. 19-20)
   Los otros evangelistas añaden algunos pormenores. S. Mateo y S. Marcos dicen sobre la distribución del cáliz: "Bebed todos de él, porque esto es mi sangre, que va a ser derramada por todos para el perdón de los pecados. No volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo con vosotros en el Reino de mi Padre" (Mc. 14. 23-26 y Mt. 26. 27-30)
   Los datos fundamentales de la institución de la Eucaristía se hallan lo suficientemente claros para entender que Jesús quería dejar algo más que un recuerdo, pero que fuera también "memorial de presencia", a los seguidores. Y ese memorial lo escondió en el pan y en el vino que les repartió y que le indicó que los repitieran y los repartieran siem­pre: "Cuantas veces hiciereis esto, lo haréis en memoria mía." (Lc. 22.19).
   Es emocionante cómo describe la Eucaristía el apóstol Pablo. A los hermanos de Corinto les dice: "Os voy a relatar una tradición que yo recibí del Señor. Y es que el mismo Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo. Os lo entrego por vosotros. Haced esto en memoria mía". Y del mismo modo, después de cenar, tomó la copa y dijo: "Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que bebáis de ella, hacedlo en memoria mía". Por eso, cada vez que coméis de este pan o bebéis de este cáliz, estáis proclamando la muerte del Señor, en espera de que El venga.
   Por lo mismo, quien come de este pan y bebe de esta copa de manera indigna se hace culpable de haber profanado el cuerpo y la sangre del Señor.
   Examine cada uno su conciencia antes de comer del pan y de beber de la copa. Quien come y bebe sin tomar conciencia de que se trata del cuerpo y de la sangre del Señor, come y bebe su propio castigo. Y ahí tenéis la causa de tantos achaques y enfermedades, e incluso muertes, que se dan entre vosotros." (1 Cor. 11.20-30)

 

 

 

  

 
   La Eucaristía ha sido siempre una celebración gozosa de la Pascua del Señor. Pascua es salto del mundo a la eternidad, de una Alianza vieja a otra Nueva, de una presencia terrena a una permanencia sobrenatural.
   La Eucaristía es el nudo que enlaza esos extremos. La Iglesia hace de ella el alma de su plegaria, el manantial de su amor, el desafío de su fe permanente.

   Celebración dominical

   La celebra cada día, pero de modo especial cada "domingo". El domingo fue siempre el día del culto cristiano. Desde los primeros tiempos cristianos se con­vir­tió en el momento oportuno y preferente para la celebración de la resurrección del Señor. El día del Señor, o domínicus, estuvo lleno de reminiscencias pascuales y eucarísticas.
   Ya a mediados del siglo I las comunidades cristianas, a medida que fueron poblándose de creyentes venidos de la gentilidad y no del judaísmo, se olvidaron del sábado como día santo de descanso y oración y reservaron el do­mingo como día de celebración y plegaria.
   Desde el siglo segundo, se multiplicaron los testimonios escritos sobre la Eucaristía celebrada al amanecer.
   Los siglos siguientes se encargarían de hacer de ese día una jornada ecle­sial: participación en la oración, de ausencia de trabajo, de asistencia a homilías, de limosnas fraternas y devociones peculiares.
   En su Catecismo 3º de la comunidad Cristiana, los Obispos españoles recuerdan lo que es la Eucaristía y lo que significa el Domingo como día especialmente dedicado al Señor: "Desde los primeros tiempos, los cristianos establecieron como día festivo semanal, el primero de la semana judía, es decir nuestro actual Domingo, palabra que significa día del Señor.
   Se reunían especialmente ese día para cumplir lo que Jesús les había mandado en la Ultima Cena: "Haced esto en recuerdo mío".
   A esta celebración se llamaba "Cena del Señor", pero sobre todo se decía "Fracción del pan". La primitiva Comunidad empleó la expresión fracción del pan, porque le recordaba el gesto de Jesús resucitado que, en sus apari­iones, se había dado a conocer partiendo el pan".  (pg. 242) 
   Con el tiempo, algunos domingos cobraron resonancia singular en el contexto de las plegarias de la comunidad: domingo de Resurrección, domingo de Ramos, domingo de Pentecostés, domingos de Epifanía o de Cuaresma.
   En todos estos domingos fue la Eucaristía la que se tiñó de tonalidad diferentes y en torno a ella cobraron formas vivas los tiempos litúrgicos del año.

 

 
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