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LOS HECHOS ENSEÑAN
19 Octubre
Sentido de la lucha

Cuenta la leyenda que Tamerlán, un guerrero tártaro musulmán, ultimo de los grandes conquistadores que nació en 1320 y murió en Otrar, cuando se dirigía a conquistar la China entera, el 17 de febrero de 1405, estaba un día desalentado después de haber sufrido una gran derrota. Nunca en su vida lo había estado. Pero la derrota había sido tan dura y sus soldados había sufrido tantas bajas, que, por primera vez en su vida, quedó deprimido y decidido a abandonar sus ideales de victoria y de conquista.
Tendido en su lecho, y con el resto del ejercito, que a duras penas se había salvado, huyendo en su entorno, se sentía hundido, fracasado y acobardado. Estaba a punto de darse por definitivamente derrotado.
Contemplaba ensimismado la lona de su tienda, considerando la posibilidad de abandonar la batalla. Sus ojos se detuvieron en una pequeña hormiga que trataba de subir una y otra vez por la tela de su tienda, pero se resbalaba y caía. Hasta que por fin logró subir después de innumerables intentos
Tamerlán tuvo una iluminación. “Si ese pequeño ser logra a fuerza de constancia y empeño vencer obstáculos y hacer posible lo imposible, ¿no vamos yo y mis soldados a ser fuertes y vencer? Saltó del lecho y se metió en medio de sus soldados derrotados, gritándoles que era la hora de levantar los ánimos y prepararse para la siguiente lucha y para la victoria.
Era tal el fuego que llevaba en los ojos que, al cabo de poco tiempo, todo el ejército se hallaba contagiado y todos estaban deseando de nuevo entrar en la lucha para desquitarse de la derrota y vengar a los muchos compañeros caídos en el combate. En dos décadas conquistó enormes extensiones de Eurasia. Entre 1382 y 1405 sus grandes ejércitos atravesaron desde Delhi a Moscú, desde la cordillera T'ian Shan, del Asia Central, hasta los Montes Tauros de Anatolia, conquistando y reconquistando, arrasando algunas ciudades y perdonando a otras. Su fama se extendió por Europa, donde durante siglos fue una figura novelesca y de terror, mientras. Para aquellos involucrados más directamente en su trayectoria, su memoria, siete siglos después, permanece aún fresca, ya sea como destructor de ciudades del Medio Oriente o como el último gran representante del poder nómada.
¿Hubiera hecho tales hazañas si se hubiera entregado aquel día de la derrota al desánimo y se hubiera dado por vencido?
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EL MENSAJE para creyentes
20 de Octubre
E l consejo de amigos

Un hombre bueno y honrado allá en el Oriente había sido requerido por el emperador para asumir el gobierno de una región en la antigua milenaria China. Este buen hombre quiso comenzar bien su misión y merecer la recompensa imperial. Pidió consejo a sus amigos de cómo debía proceder y los diversos mensajes que recibió eran de todo tipo.
Su amigo sólo le dijo: “Lo más importante es que tengas paciencia, mucha paciencia, con todos paciencia.”
El amigo le repitió tres veces la misma recomendación y cada vez el futuro magistrado le prometió seguir su consejo. Pero cuando, por quinta vez, le hizo la misma advertencia, y le estaba diciendo de nuevo, que lo mejor para acertar era tener paciencia, mucha paciencia, el elegido estalló en deshagos: “Bueno, ya está bien. Eso ya me lo has dicho. ¿Acaso crees que soy imbécil para que me lo repitas tanto? ¡Ya van cinco o seis veces que me repites lo mismo!
El amigo simplemente le sonrió, y advirtiéndole: “Si a mi que soy tu mejor amigo y te recomiendo una cosa varias veces, me respondes con ira, ¿cómo responderás a un inferior tuyo que vaya a pedirte varias veces algo? Ese es mi consejo por ultima vez, que seas paciente, muy paciente… que nunca te irrites con quien te haga perder la paciencia y que, cuando sientas ira,… tengas paciencia, más paciencia y mucha paciencia.
Culpamos a otras personas, al ambiente, a las leyes, a los tiempos, a la juventud, a los mayores, a los impuestos, al tráfico, al clima, a inflación. Estamos disgustados, preocupados, inquietos. Buscamos la culpa de todo fuera de nosotros. Y nunca entendemos que la mayor parte de los problemas los originamos nosotros y la solución está en nosotros
Si tuviéramos paciencia para resolver los problemas, el mundo sería un paraíso.
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21 de Octubre
El hombre avaro

Un avaro, por muy avaro, quemó su propio dinero y casi se quemó a él mismo. Es que los avaros son los peores enemigos de sí mismos y se vuelven ciegos de tanto mirar su dinero…
El tenia mucho dinero almacenado, escondido y siempre negado, porque siempre decía que no tenia nada, como suelen hacer los avaros
El caso es que cayó gravemente enfermo. Como iba empeorando día tras día, al fin mandó llamar al médico, con gran disgusto, pues tenía que pagarle. El médico le inspeccionó con mucho detenimiento, le miró la lengua, le tomó el pulso y le auscultó el corazón. Mal le debió ver, pues le anunció que casi seguro se moriría en tres días, recomendando que enviasen a buscar a un confesor para prepararle a bien morir, pues su situación era casi desesperada.
Apenas marchó el médico, en vez de llamar a un confesor para arreglar su alma, lo que hizo fue saltar de la cama, guardar un poco, muy poco, de dinero para vivir y comer unos días, y luego tomó los billetes escondidos del Banco y las acciones que tenía en el cajón de la cómoda y los lanzó a! fuego de la chimenea diciendo: “ si no son para mi , que no sean para nadie, no van a disfrutar esos herederos que desean que me muera para apoderarse de mis tesoros…”. Aquel hombre no quería que nadie heredase su fortuna.
Al otro día volvió el médico, y resulta que le confesó que había llevado muestras para analizar, pero que no se lo había dicho para no darle esperanzas falsas.. En el laboratorio vieron que no era tan grave la cosa. El avaro se quedó pálido y, cuando quedó solo, rezó una oración: “Dios, que yo me quiero morir ahora, no me dejes aquí, que ya no tengo nada”. Pero el hombre no se muere cuando él quiere, sino cuando Dios lo decide. Pronto fue mejorando, a pesar de su tristeza, caso único en un enfermo. Pero en los avaros las cosas suelen ser al revés que en los normales.
Al cabo de poco tiempos quedó ya complemente curado.
El poco dinero que le había quedado, era tan poco, que ni tuvo bastante para sustentarse una semana. Luego no le quedó más remedio que ir a pedir limosna. La gente, que sospechaba que tenía mucho dinero escondido, no le daba nada. Al revés, le echaba en cara que se atreviera a pedir limosna, cuando tenía todo guardado. El pobre hombre, se terminó viendo acorralado por una encrucijada curiosa muriendo de verdad, pero no de la enfermedad, sino de hambre. No podía decir a nadie lo que había hecho, pues le matarían sus herederos por haber destruido lo que pensaban recibir cuando se muriera. Y nadie le daba nada, porque sospechaban que tenía mucho guardado. Así que cuando se muró de verdad, nadie pudo decir la verdadera causa de su triste final.
21 de Octubre
El adorno y la vanidad

Son muchos los chicos y los jóvenes que c ifran en la apariencia lo que ellos valen. ¿Qué interesante sería el que dedicaran mucho más tiempo a ser auténticos y a no fiarse en las apariencias y desgastar el espejo!
Estaba un joven de buena posición ante un espejo y se decía a sí mismo en alta voz y con regocijo: Soy hermoso, tengo buena casa, viajo cuando quiero, visto bien, tengo dinero, las jóvenes me admiran, tengo estudios y soy culto, soy envidiado por mis amigos. ¿Qué me falta ya?
Y oyó una voz que decía: “Un poco de juicio, hijo, un poco de juicio” Era su padre que le había estado escuchando desde la puerta sin que él se diera cuenta.
Y no son menos vanidosas las chicas y las jóvenes que todo lo cifran en las apariencia, en los adornos, en las pinturas. Los adornos y las pinturas de las jóvenes son buenas. Pero el exceso indica que se tiene miedo a que la propia realidad no responda a lo que se desea y que sean las apariencias lo que determine el parecer ante los demás.
En una fiesta estaba invitado un artista famoso. Alguien le preguntó con toda confianza por su parecer sobre unas jóvenes que tenían mucha pintura sobre el rostro y muchos adornos en el cuello y en los brazos:
- Señor, Vd tiene muy buen gusto. ¿Qué opinión le merece aquella joven tan elegante?
- Pues no le puedo decir así a simple vista. Es mejor que pregunte Vd. a un pintor o a un joyero. Ellos le dirán si merece la pena. Cuando Vd. me la presente sin tanta pintura y sin tantos arreos, es decir tal como es ella, yo le prometo decirle sinceramente mi humilde parecer. Ahora acaso me equivocaré, pues no sé lo que hay detrás de lo que a simple vista se puede observar.”
¿Qué pasaría del mundo si cada uno mostrara a los demás lo que realmente es y no lo que quiere aparentar y que de verdad no es. San Agustín decía una frase que merece ser pensada: “Cuando una persona se adorna y se pinta mucho es porque pretende disimular lo que es y parecer lo que no es . Si tuviera por naturaleza lo que pretende conseguir con el artificio, no necesitaría disimular mucho su verdadero ser.” |
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23 Octubre
San Juan de Capistrano
Fue doctor en ambos Derechos, civil y eclesiástico. Era gobernador de Perusa cuando, en un ataque a su ciudad por la banda rival de la familia Malatesta, cayó prisionero. No fue en la lucha, sino cuando quiso con los atacantes y los adversarios le encerraron en una torre.
A pesar de ello intentó evadirse. Hizo tiras de una sábana, se descolgó por la ventana y se rompió una pierna al caer. Encerrado de nuevo en un sótano, un día tuvo una visión. En medio de una luz, se le presentó un franciscano misterioso. Le dijo: “Te van a soltar, hazte de los míos.” Asombrado y desconcertado, vio que de forma inmediata le soltaron.
Llegó a su ciudad, deshizo el compromiso matrimonial que había ya formalizado para casarse con una joven condesa y le restituyó la dote. Cedió la herencia paterna a su madre, vendió sus libros y vestidos, se reconcilió con los enemigos de su familia y, como juez severo que era, quiso cerrar su profesión con un acto de autojusticia. Como si fuera un condenado a muerte, paseó en un asno y con una sentencia de delincuente a la vista de todos.
Ingresó en el convento de Monterrípido, tomó el hábito y empezó su noviciado, durante el cual fue sometido a duras pruebas. Todos dudaban de su decisión. La condesa que había sido su prometida, joven y bella, vino a recuperarle. Pero él no cedió. Dios permitió que el demonio le intentara disuadir con visiones horrendas unas veces y eróticas otras. Todo fue inútil. Un buen día, en el año 1416, todo terminó: terminaron las tentaciones y las dudas. Fue ordenado sacerdote y se relacionó con San Bernardino de Siena, como maestro.
Su misión fue predicar por toda Europa. Durante años, con erudición asombrosa, predico en Alemania, Hungría, Polonia, Austria. En Francia discutió con los herejes. En Bohemia con los husitas. En toda Italia se le conoció como el “fraile predicador”. Las plazas se llenaban de gente cuando el acudía. Tenía un tacto singular para atraer a los jóvenes que querían seguirle y trabajar con él en ganar a las gentes para la virtud. Sus discursos eran de entre dos y tres horas.
Su vida era modelo de austeridad: dormir y comer poco y ser siempre amable, alentar a los penitentes, prometer a todo la amistad divina. Después de muerto se reunieron los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones y sumaron 17 gruesos volúmenes.
Además de predicar, pronto los papas le señalaron como su consejero para hablar con los reyes o los príncipes. Con cuatro papas actuó de embajador: con Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III, siendo muy prudente y sabio en sus decisiones diplomáticas. Fue nombrado por varios periodos como inquisidor, teniendo que ser riguroso con los judíos, los extremistas y los fanáticos que se negaban a obedecer al Papa y sacaban del Evangelio interpretaciones falsas.
Cuando los turcos atacaron Belgrado en 1456 y estuvieron a punto de conquistar toda Europa oriental, allí estuvo alentando y aconsejando a los príncipes cristianos, convocados en cruzada por el Papa. Eran más de cien mil los que formaban el ejército mahometano. El prometió de parte de Dios que sólo la fe y el valor podría resistir el empuje del conquistador Mehmet II. Prometió que en Budapest no pasaría lo mismo que en Constantinopla, que había caído en manos del Islam.
Las predicaciones de Juan de Capistrano lograron reunir 35.000 soldados, en su mayoría campesinos, artesanos y estudiantes, que estaban mal pertrechados. Se unieron al contingente de 15.000 mercenarios del comandante de los húngaros, Lanos Juniadi, al que la nobleza le había dado la espalda. Juan de Capistrano hizo oración y penitencia públicamente antes de la batalla definitiva, que se dio en Belgrado. El mes de Julio comenzaron los bombardeo de la plaza por parte de más de 200 cañones otomanos. Humanamente había poco que esperar, por la superioridad en armas, en hombres y en generales de unas tropas bien entrenadas.
También se supo que otros 50.000 jenízaros se acercaban para fortalecer el ejercito atacante El humilde Juan de Capistrano comenzó a recorrer las vanguardias cristianas anunciado con ardor la victoria y llevando una bandera cristiana en la mano. En ella se decía con bello bordado de una cruz: "Jesús, Jesús, Jesús". Y añadía: "Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión"
Los primeros ataques fueron rechazados. Los oficiales del contingente cristiano decían: "Este padrecito tiene más autoridad sobre nuestros soldados, que el mismo jefe de la nación". Luego comenzaron los ataques de los cristianos. Entre 25.000 y 40.000 adversarios quedaron tendido en el campo de batalla, ante los enardecidos cristianos
El franciscano fue vitoreado en Belgrado a su vuelta de la persecución a los otomanos derrotados, la cual que duró varios días. La victoria fue total. Pero poco duró la alegría, ya que la peste se había desatado en la ciudad y Capistrano se contagió de ella, atendiendo a los enfermos. Murió a las pocas semanas el 23 de octubre de 1456 con setenta años. |