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ESCUELA DE CATEQUISTAS
Catequesis 080113
(Número significa año/ mes/ día. Se pueden buscar lo de tiempos anteriores: Hacer clic en TEMAS ANTERIORES)

Día 13 de Enero de 2008

Domingo 1 de Tiempo Ordinario
Bautismo del Señor

Recordar: Esta catequesis se cambia cada miércoles)

PARA PREPARAR EL TEMA DE LA SEMANA

 

 

 

 

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1. Notas sobre la Sagrada Escritura. Lecturas Litúrgicas del Domingo actual

 
2. Reflexión. ¿Qué nos dicen estas lecturas? [4.11]

  

 

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1. La Palabra de Dios

          La fiesta que celebra la Iglesia primer domingo que sigue a la Epifanía recuerda el Bautismo del Señor Jesús. Con aquel gesto se hizo como de los demás, aunque El no tenía pecados, y se dio a conocer a las gentes. De manera especial se mostró a Juan el Bautista, a quien Dios le había dicho en el desierto: “Aquel sobre el que vieres que desciende el Espíritu Santo, ese es el que ha de venir”.

   Al igual que la Epifanía, el Bautismo de Jesús es, ante los hombres, señal de cercanía divina; y es certeza de que Dios cuida a los hombres y les hace presente el momento de su salvación.

1. Lectura de la Palabra de Dios

       Los textos del domingo primero después de la Epifanía, el primero del año, son hermosos.  He aquí los que se leen en esta jornada en las Eucaristías de las iglesias:

  1. Primera Lectura.  Isaías 42. 1 - 4

      El Profeta Isaías es el más significativo de los profetas en lo referente a la esperanza mesiánica. Son tres textos que se amparan bajo este nombre. Este texto está tomado del Segundo Isaías. Acaso del siglo V o IV, pero suficientemente claro y sugestivo
 
   “Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente.
    Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra,  y las costas lejanas esperarán su Ley.
     Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella.
   Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos  y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

    b) Segunda lectura.  Hechos 10- 34-38 

   Pedro contribuye con su discurso a hacer la presentación de Jesús, que ha estado en medio del Pueblo y los judíos le han rechazado. Esto otro grito que anuncia al Redentor y Salvador y con él se comienzan los anuncios apostólicos.

   “Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: "Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas,  sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato. "El ha enviado su Palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz  por medio de Jesucristo que es el Señor de todos.
    Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo;  cómo Dios a Jesús de Nazareth le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él; y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero.
    A éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse  no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos.  Y nos mandó que predicásemos al Pueblo, y que diésemos testimonio de que él está constituido por Dios juez de vivos y muertos.

    c) La tercera Lectura.  Mateo  3. 13 – 17

   Presenta la figura de Juan Bautista y su valor de “precursor”, de puente entre la Antigua Alianza y la nueva que Cristino inicia. La antigua Alianza se tejía de promesas: Abraham, Jacob, Moisés, David, Elías, los Profetas. La Nueva Alianza se apoya en realidades ya cumplidas: Ha llegado ya la salvación.

   Por aquellos días Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan, para ser bautizado por él.  Pero Juan procuraba impedírselo diciendo:
  - Soy yo el que necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
Pero Jesús le respondió:
  - Déjalo ya que así nos corresponde ahora a nosotros cumplir toda justicia.
    Entonces Juan se lo permitió.  Y cuando Jesús fue bautizado, en seguida subió del agua, y he aquí los cielos se abrieron, y se vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él.
   Y he aquí, una voz de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."

 [Juan lo escribió de la siguiente manera:

    En aquel tiempo, como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;  respondió Juan a todos, diciendo: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga." Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.
    Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: "Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado."
    Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí. ]

         

Un autor reciente comentaría luego el significado de esa misión singular de Jesús: “La figura del Rey-Mesías (Sal 2,2.7) encarnaba la salvación para Israel; la del Servidor, reflejaba la salvación para todas las naciones (Is. 42.1- 4.6 y Mt 12,17-21). La idea de Rey indicaba triunfo; la de Servidor, entrega y sufrimiento (Is. 53. 3 -12). Al unirse en la persona de Jesús estos rasgos dispersos en el Antiguo Testamento, se ve que en el plan de Dios la idea del Mesías no coincidía con la que tenían los judíos; el Mesías no vino para dominar al hombre, sino para servirle (Mc. 10. 45). La misión de Jesús, lo mismo como Rey que como Servidor, iba a ser implantar la justicia y defender al pobre y al explotado (Sal. 72. 1- 4 y 12-14; Is. 42,1-4.6; 49,9-13)”

 

       

  2. Comentario

     Estas lecturas de la jornada dominical hablan todas de que la hora del Señor ha llegado. El ha sentido el impulso del Espíritu Santo y se ha manifestado junto al Jordán como el enviado del Padre para salvar al mundo. Ante un pequeño grupo de personas que se acercan a un “bautizador” que proclama la necesidad de nueva vida, el Jesús humilde de Nazareth se coloca en la fila de quienes reciben el gesto del agua y unas palabras del bautista.

    El Bautista hacía gestos o signos de penitencia, como era lavar el cuerpo, bautizar, con agua del río Jordán. Con ello indicaba la necesidad de limpiar el alma de los pecados. Atraía a mucha gente arrepentida y todos volvían a casa convertidos en hombres nuevos. Aquel galileo se acercó como uno más de los pecadores, a pesar de que en su alma divina no había ni la menor sombra de pecado

    Juan el “bautizador” era familiar de Jesús, según el texto de Lucas. Su madre Isabel era prima de la madre de Jesús, María. No se conocían, pues desde la infancia, Juan había vivido en el desierto, acaso en alguna comunidad de penitentes que esperan la llegada del Salvador y huían del templo, lleno de corrupción y avaricia al estar en manos de los saduceos, descreídos e interesados en los tributos cuantiosos de los peregrinos. Por otra parte Isabel, la madre de Juan, vivía en la ciudad lejana de Hebrón, junto con su esposo Zacarías, sacerdote del Templo de Jerusalén y hombre justo que prefería vivir lejos cuando su turno sacerdotal terminaba. Al niño lo habían llevado con seguridad a un sitio de oración y penitencia para que se mantuviera puro y no cayera en la corrupción de la Jerusalén dominada por los paganos romanos.
 
  Al margen del parentesco, resalta en el hecho el misterio del amor de Dios que tenía sus designios colocados amorosamente en Juan, elegido como precursor del Mesías Salvador. Cristo se hizo presente y se presentó como Mesías cuando le llegó la hora de la predicación para ser bautizado, como si de un pecador más se tratara, por el agua derramada por Juan sobre le cuerpo de Jesús.
 
    La voz del cielo reclamó la atención de los presentes sobre aquel hombre de Nazareth que venia a bautizarse y que desde entonces ya no sería un simple trabajador, sino un mensajero que estancia un tiempo predicando la salvación por los diversos lugares de Galilea, Samaria, La Decápolis y también Judea.

    El bautismo de Jesús fue pues un signo singular que quedaría siempre como el gesto, el sacramento, que sería la puerta de entrada entre los servidores de Jesús. Mediante la limpieza o conversión que este gesto significaba, la Iglesia comenzó a estar presente en el mundo.

   Juan gritó muy fuerte: “He aquí el cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo”.  Con su testimonio Juan inició la presentación pública del Mesías y desde aquel momento comenzó a predicar que la hora de la salvación había llegado. 

   El Bautismo de Jesús se considera en su biografía como la presentación ante el pueblo que viene a salvar. Precisamente en ese momento Dios le anuncia como "su Hijo amado" y los presentes se enteran de que es un hombre singular. El Bautista se encarga de anunciarlo. Y, empujado por el Espíritu Santo, Jesús inauguró entonces su misión de profeta, anunciador de que el Reino de dios estaba cerca.

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    Con el Bautismo Jesús comienza su revolución, no terrena, sino trascendente. Jesús dejó su vida de trabajador en Nazareth. Con toda seguridad  se despidió de su madre, que ya venía dándose cuenta  de que el corazón de su Hijo vivía ya lejos. Y desde Nazareth, en Galilea, se fue al Jordán.

    El profeta Isaías lo había anunciado: "Mirad a mi siervo a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre El he puesto mi espíritu" (Is. 42,1.)

  Y aconteció que "apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar sobre él como una paloma. Y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo amado, mi predilecto" (Mat. 3,13).

     Los rasgos que recogen los evangelistas, pues los tres sinópticos recogen el hecho con especial interés, reflejan bien lo que este gesto de Jesús significó en su presentación como mensajero salvador.  Se recordaron las palabras de los profetas: “Sobre El he puesto mi Espíritu", había dicho Isaías y sobre el "El Espíritu bajó como una paloma y se posó sobre El", según relata San Mateo.

   Jesús se limpió en el agua del Jordán, aunque Juan se resistió una vez que tuvo la inspiración de quién era el que venía. Jesús reclamó el pasar como uno más de los pecadores que venían a hacer penitencia, pues así entraba en su misteriosa encarnación: pasar por uno más de los pecadores  para salvar al mundo de los pecados.
 
   El representaría un orden nuevo, el comienzo de un Mundo Nuevo, una creación Nueva, una alianza nueva, que sería sellada con la Sangre derramada en la Cruz.  El Bautismo en el Jordán está anunciando un Bautismo de sangre. Y la nueva creación que comenzó con ese signo, se prolongaría ya hasta el final de los tiempos.

   El Bautismo de Jesús representa su compromiso total por el bien de los hombres. Quiere instaurar una nueva relación humana, basada en la justicia, que permita una sociedad diferente. El hecho de que inicie con él su vida publica, significa que es preciso vivir con limpieza cuando uno tiene la misión de anunciar la verdad a los demás hombres

      El motivo que impulsó a Jesús hacia el Jordán fue el amor a la humanidad. Ante ese amor y su compromiso de salvador, misteriosamente presente en la mente de Jesús y presentado por todos los intérpretes bíblicos, la misión salvadora de Jesús  se hizo presente en el mundo.

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    El compromiso bautismal de Jesús reflejó en aquel momento, y sus ecos durarían para toda la historia humana hasta nuestros días,  precisamente lo que es Dios para el hombre: presencia, misericordia, perdón, salvación. Dios es quien, para dar la vida a los hombres pecadore,s se encarnó en un hombre, Jesús, el cual se entregó al hombre sin reservas ni condiciones.

    Las expresiones que emplean los evangelistas son muy significativas y vivificadoras, cuando relatan el acontecimiento de l Jordán: Inmediatamente que salió del agua, Jesús vio rasgarse el cielo y el Espíritu bajar como paloma hasta él. Hubo una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor» (Mc. 1.10-11). Con la imagen «rasgarse el cielo» el evangelista expresó que quedaba abierta la frontera entre el mundo divino y el humano, es decir, que en la persona de Jesús se establecía la comunicación definitiva entre Dios y el hombre.

    El abismo del pecado quedó superado, pues había llegado un salvador. Los pecados iban a ser perdonados. Dios miraba de nuevo con amor de Padre a los hombres pues ya estaba caminando por la tierra el que había sido enviado a rescatar lo que se había perdido. Allí, en el Jordán, comenzaba la salvación del género humano, la cual culminaría pocos meses después en la muerte de Jesús en el Calvario.

   Es interesante resaltar cómo se hace presente el Espíritu Santo por primera vez en la vida de Jesús. Con la metáfora «el Espíritu», que originariamente significaba «viento» (fuerza), impulso (vida) o «aliento» (intimidad), se designaba en os Evangelistas la cercanía de Dios a los hombres. La vida y la fuerza de Dios se hicieron presentes en la voz del cielo y en la paloma descendiendo sobre aquel hombre que se bautizaba. Si algún habitante de Nazareth se hallaba presente, por haber acompañado a Jesús en aquel corto viaje hacia la ribera del río, tuvo que quedar asombrado y desconcertado:  un trabajador pobres y humilde, bondadoso y sacrificado, hijo único de la más humilde de las familias de la localidad, había sido objeto de un resplandor singular.

   El evangelista Juan utiliza en su relato la imagen de la voz de Dios («hubo una voz del cielo»), que se reveló como Padre y declaró a Jesús Hijo suyo predilecto, acaso aludiendo a textos del Antiguo Testamento.

   En el ambiente judío de aquel tiempo, «ser hijo de alguien» no significaba solamente haber nacido de esa persona, sino sobre todo comportarse como ella. La expresión «Hijo de Dios» (alusión a Sal 2. 7) era algo que se había referido hasta el presente a los reyes elegidos, o a los profetas enviados al pueblo. Por lo tanto era la pública declaración de que aquel Jesús que se bautizaba era un ser misteriosamente singular, pues rey sin vivir en un palacio y era profeta sin haber dados especiales muestras de una misión divina.

     Por tanto, la escena del bautismo de Jesús  anunciaba, por lo tanto un grandioso acontecimiento que se resume en una expresión: La hora de Dios había llegado. Una nueva alianza se establecía entre el cielo y la tierra y remplaza la antigua Alianza hecha entre Abraham y Dios, entre el pueblo elegido y el dios del Sinaí. Ahora comenzaba una nueva etapa de la humanidad.

3. Esquema directivo para una Catequesis [IV.11]
 
4. Ejercicios para realizar con los catequizandos

 

 

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    1.  Experiencia

   Recordar todos los bautizos que se conocen por los alumnos y que alguna vez se han presenciado. Si no existen recuerdos, describir un bautizo: agua, cirio encendido, padrinos, sacerdote, testigos, sobre todo el niño o el adulto.
    Es bueno recoger algún cuadro artístico y hacer una presentación del gesto de Jesús de bañarse o limpiarse en el Jordán.
    Hacer un comentario comparativo entre el Bautismo de Jesús y el de un hombres que se bautiza

    2. Reflexión

      En nuestra Catequesis vamos a insistir en que Jesús ya llegó al mundo. Ese Jesús es el Salvador, el Redentor, el Mesías esperado. Y los textos que van a apoyar nuestra catequesis nos van a hablar de la misericordia de ese salvador que “ya ha venido”.
  Es interesante asociar las dos ideas, la Epifanía, con su aire festivo de “reyes mayor que vienen a adorar y a ofrecer dones”, y de Bautista Juan que está a la espera del que ha de venir, pues el Espíritu Santo le ha indicado que está a punto de llegar.
   El profesor, el educador de la fe, tiene que hacer lo posible por resaltar en la mente de sus alumnos o catequizando la poderosa idea de la Presencia del Señor Salvador. Ya no se trata de resaltar esperanzas, como en el Adviento, sino de anunciar realidades, pues se ha dado la Navidad.

    3. Acción

    Y ahora pensemos en nuestro bautismo y veamos las cosas a las que nos compromete con referencia a los extranjeros, sean cristianos o no.
    Qué sabemos del bautismo. Qué significa, Qué dones divinos nos otorga.  Qué es el bautismo cristiano. Relación con el de Cristo.
   Podemos perfilar nuestra ficha bautismal, preguntando a los padres o a quien proceda fecha, padrinos, nombre, patrono… testigos. El ideal sería tener una partida de bautismo si resulta fácil obtenerla en la parroquia
    Hacer una lista de exigencias que el bautismo conlleva: renuncia a Satanás.

    4 Colaboración

    Podemos hacer un plan de solidaridad con los extraños: dar alguna limosna, exigir que todos en nuestro entorno les traten bien. Desear que haya leyes justas que les protegen… Cada uno puede proponer a los compañeros este plan y entre todos se formula un plan realizable para una semana en el grupo o en la clase
  
   5. Interiorización

   Sería interesante hacer en la misma aula o en el lugar de la catequesis una pequeña plegaria de renovación de las promesas del Bautismo, una vez que se han explicado lo que significan

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   4. Ejercicios interesantes para catequistas.

     -  De Pequeños
  
   Explicar una de las imágenes que hay en estas páginas o buscar alguna imagen de Jesús bautizándose en el Jordán. Explicarla con claridad, añadiendo algún escrito al dibujo: frase, promesa, petición. Que se una explicación o conjunto de detalles, no sólo un comentario.

    -   De medianos

    -  Preparar cada uno de los miembros del grupo o de la clase un plan de anunció del Salvador, a la moderna, para anunciar hoy que Cristo está ya predicando en Galilea y que se prepara para ir a Jerusalén, a la capital. Inventar sistemas modernos: radio, TV, programas informáticos…

   -  Explicar valores bautismales construyendo símbolos. Por ejemplo Interpretar

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De Mayores

   -  Relaciones los relatos de la  Epifanía y del Bautismo de Jesús con el primer anuncio de Pedro sobre el paso de Cristo por la tierra. Resaltar el significado de manifestación del Señor. Establecer relaciones entre los hechos, teniendo como eje la manifestación

    - Perfilar en grupos un plan para presentar de forma moderna a Cristo a los hombres: un programa de TV, un diseño de una campaña propuesta para anunciar el mensaje de Cristo a todas las gentes.

   -   Relacionar el Bautismo de Cristo y el de cada uno de nosotros. Bautismo, gesto de perdón de los pecados. Don, regalo, sello que nos hace amigos de Jesús. Recoger datos sobre este bautismo personal y hacer un mural o documentos colectivos aportando los datos, después de preguntar a los padres: día, iglesia, padrinos, nombre exacto.

     -  De Preadolescentes

   Hacer una explicación en profundidad de lo que significan las promesas del bautismo y la relación con os textos de los tres sinópticos sobre las exigencias de Juan para la conversión. Se puede dividir el grupo en tres partes y cada uno recibe unas consignas: el analizar el relato evangélicos, para luego llegar a una síntesis entre los tres.

      5.  Ideas de apoyo o de posible consulta

   En nuestro "DICCIONARIO DE CATEQUESIS Y PEDAGOGIA RELIGIOSA" se pueden buscar palabras como. Juan Bautista. Esenios. Jordán. Salim. Isaías. Profetas. Mesianismo. Promesas bautismales.

Puede consultarse directamente en la página web www.lasalle.es/catequesis2
En el formato de la Enciclopedia Wikipedia en: www.lasalle.es/catequesis

 Libros buenos recomendables

libros Hechos de Jesús: Bautismo, tentación transfiguración en la exégis actual. Rafael Silva. Ed. Monte Casino. 200

Uno en Cristo Jesús: el Bautismo como acontecimiento trinitario. Piero Coda. Edit. Monte Casino. 1997

   - El misterio del bautismo de Jesús. Varios.  Madrid. Comercial editoria de Publicaciones. 1997

 

 

 

 

 

   

 

 

 

   
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