1. La Palabra de Dios

La resurrección de Jesús es el gran hecho en la vida del Señor y en la historia de los cristianos. Nosotros adoramos a un Señor de vida, no sólo a un crucificado. Tenemos conciencia que Jesús es Señor de la Historia, que vive hoy en medio de nosotros. No nos resignamos a mirarlo como una figura sólo histórica, que se aleja de nosotros en el tiempo
Primera lectura: Hechos 2. 42-47
“Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales.
Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.
Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar”.

Lectura Segunda: 1 Pedro 1. 3-9
San Padre, en su carta primera, presenta los efectos de Cristo resucitado en cada uno de los creyentes, y de las comunidades de seguidores de Jesús. El recuerdo de la resurrección del Señor inspira nueva vida en los cristianos
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento.
Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo.
A quien amáis sin haberle visto; en quien creéis, aunque de momento no le veáis, rebosando de alegría inefable y gloriosa; y alcanzáis la meta de vuestra fe, la salvación de las almas.”

Tercera Lectura: Juan 20 19-31
La aparición de Jesús al grupo de los Apóstoles, que se mantenía reunidos en el cenáculo, es el comienzo de la nueva vida de la comunidad de seguidores del Señor. Desconcertados al principio y temerosos, se van fortaleciendo con la ayuda mutua. Pero es la presencia repetida del Señor ya resucitado lo que les transforma en hombres nuevos, en apóstoles decididos de un mensaje de vida que el Señor le confía.
“En aquel tiempo, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros."
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío."
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor."
Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré."
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros."
Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente."
Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío."
Dícele Jesús: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído."
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.”

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2. Comentario
Después de la resurrección, Jesús se presentó en diversas ocasiones para manifestarse ante sus seguidores como señor de vida y no superar el desconcierto de los primeros momentos. Sus apariciones a las mujeres, a Pedro, a los apóstoles, a algunos discípulos que se marchaban descorazonados comos lo de Meaux, responden a una “pedagogía del fortalecimiento de la fe”.
Acaso sea la más hermosa la doble aparición a los Apóstoles que nos recuerda la lectura del Evangelio de San Juan en este domingo posterior a la Pascua de resurrección. Los discípulos reciben la visita del Señor cuando alguno de ellos no estaba en el grupo. Pero luego vuelve otra vez y vence con su presencia la resistencia del incrédulo Santo Tomás, que se había negado a aceptar lo que le relataban sus compañeros.
La visión del Señor es sorprendente para los reunidos. Jesús se presenta ofreciendo la paz. “La paz sea con vosotros”. Luego habla con los Apóstoles sobre los acontecimientos. Debe primero romper el temor. “No soy un fantasma ¿Tenéis algo de comer? Los fantasmas no comen”
Es interesante comprobar que Jesús se aparece con un cuerpo transformado. Así se presenta ante las mujeres y los discípulos. Su cuerpo transformado, hecho espiritual y partícipe de la gloria del alma, no tiene ninguna característica triunfalista. Jesús se manifiesta con una gran sencillez. Habla de amigo a amigo, con los que se encuentra en las circunstancias ordinarias de la vida terrena. No quiso enfrentarse a sus adversarios, asumiendo a actitud de vencedor, ni se preocupó por mostrarles su 'superioridad' y que su triunfo era real y anunciado. Su misión en esos días que se mantendrá cerca “físicamente” de sus discípulos será fortalecer su fe.
Los demás protagonistas seguirán en su ceguera. Podía haberse aparecido a los que le condenaron, por ejemplo a Pilatos, que lo había entregado a los sumos sacerdotes para que fuese crucificado (Cfr. Jn. 19, 16); o a Caifás, que se había rasgado las vestiduras por la afirmación de su divinidad (Cfr. Mt 26, 63-66); o a Herodes, que le había despreciado y vestido de rey como gesto de ofensa. ¿Para qué? Lo había dicho en la parábola del Rico Epulón: “aunque un muerto se aparezca a ellos no le harán ningún caso.
Jesús se centra en aquellos que le han seguido, con los que ha formado la primera comunidad y a los que destina para ir por todo el mundo anunciando la salvación a las gentes. Ellos son los privilegiados de sus apariciones. A ellos les conforma su identidad física: su rostro, sus manos con heridas, su pecho con la lanzada…Ellos escuchas de nuevo su voz de profeta y reciben aclaraciones. Sólo en el encuentro con Pablo en las cercanías de Damasco, la luz que rodea al Resucitado casi deja ciego al ardiente perseguidor de los cristianos y lo tira al suelo (Cfr. Hech 9, 3-8);
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Es interesante resaltar también el hecho de que Jesucristo se aparece en primer lugar a las mujeres, sus seguidoras más audaces y fuertes, y no a los discípulos ni a los mismos Apóstoles, a pesar de que los había elegido como portadores de su Evangelio al mundo. Es a las mujeres a quienes por primera vez confía el misterio de su resurrección, haciéndolas las testigos de vanguardia de su gloriosa resurrección. Se puede concluir del relato de Mateo: “Jesús salió al encuentro de ellas, que corrieron a comunicar el mensaje a los discípulos. El le dijo: ¡Dios os guarde!. Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: !No temáis. Id y avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán!' (28, 9-10).
El episodio de la aparición a María de Magdala (Jn. 20, 11-18) es de extraordinaria finura ya sea por parte de la mujer, que manifiesta toda su apasionada entrega al seguimiento de Jesús, ya sea por parte del Maestro, que la trata con exquisita delicadeza y benevolencia.
En esta prioridad de las mujeres en los acontecimientos pascuales se advierte el sentido de la presencia femenina en la Historia de la Iglesia y lo lo lejos que está del evangelio cualquier discriminación de la mujer. En las actitudes de Jesús, al hacerlas primeras mensajeras del anuncio de su resurrección, tiene que inspirarse la Iglesia a lo largo de los siglos.
Los acontecimientos pascuales son los primeros hechos de la nueva etapa de la salvación. Jesús ya ha realizado el designio divino para el que vino al mundo. Antes de su ascensión deja una estela de mensajes vitales en sus seguidores, que iniciarán su peregrinación por todo el mundo. Les da consignas y les fortalece el ánimo.
Hay una forma misteriosa de Jesús de presentarse Cristo ante aquellos que habían sido sus discípulos y amigo durante un largo período de tiempo. Pero no es difícil entender que el Señor ya no obraba con ellos “a lo humano”, sino que su presencia era ya en forma de encuentro sorprendentes y misteriosos y que les iba preparando para la ausencia física total y les proyectaba a las aventuras apostólicas que se le avecinaba. Por eso no hay que extrañar que algunos tardaran en reconocerle, como en el caso de la Magdalena (Jn 20, 14-16) y de los discípulos de Emaús (Lc 24, 16). No falta un cierto sentimiento de temor ante El. Se le ama, se le busca, pero, en el momento en que se le encuentra, se experimenta alguna vacilación.
Pero Jesús les lleva gradualmente al reconocimiento y a la fe, tanto a María Magdalena (Jn 20,16), como a los discípulos de Emaús (Lc 24, 26 ss.), y, análogamente, a otros discípulos (Cfr. Lc 24, 25 y 48). Signo de la pedagogía paciente de Cristo al revelarse al hombre, al atraerlo, al convertirlo, al llevarlo al conocimiento de las riquezas de su corazón y a la salvación.
Es interesante analizar el proceso psicológico que los diversos encuentros dejan entrever: los discípulos experimentan una cierta dificultad en reconocer no sólo la verdad de la resurrección, sino también la identidad de Aquél que está ante ellos, y aparece como el mismo pero al mismo tiempo como otro: un Cristo 'transformado'. No es nada fácil para ellos hacer la inmediata identificación. Intuyen, sí, que es Jesús, pero al mismo tiempo sienten que El ya no se encuentra en la condición anterior, y ante El están llenos de reverencia y temor.
Hay que subrayar una característica de las apariciones de Cristo resucitado: en ellas, especialmente en las últimas, Jesús realiza la definitiva entrega a los Apóstoles (y a la Iglesia) de la misión de evangelizar el mundo para llevarle el mensaje de su Palabra y el don de su gracia. Así aparece el hechos de la visita del Señor los discípulos en el Cenáculo la tarde de Pascua: “Como el Padre me envió, también yo os envío...” (Jn 20, 21);
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En las lecturas de esta jornada dominical, hemos de admirar el hecho de Santo Tomás que se empeña en dudar de los que sus compañeros le comunican. El Jesús que se presenta ante él ya no es el que pregunta y el que responde, sino el que todo lo sabe. Los ojos al apóstol Tomás, el escéptico, el incrédulo, el terco, son como los de tantos hombres modernos, que dudan de las realidades del mensaje evangélico.
Jesús va directamente a la raíz de la duda: ataca el mal con los hechos, que eso significa tocar sus llagas de las manos y meter su mano en su costado. La reacción de Tomás: “Señor mío y Dios mío”, será el modelo de las respuestas de los hombres sinceros que terminan cayendo humillado ante un Señor de la Historia que se mantiene siempre presente en el mundo de cada día.
En este tiempo en que vivimos y en que se cree tan poco, en el que abundan tantos ateos y agnósticos, hay que ayudar a muchos a descubrir la realidad de un Cristo vivo, resucitado, glorioso y metahistórico.
El apóstol Tomás puso unas condiciones muy exigentes para creer en la resurrección: "si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo". Jesús aceptó estas exigencias con tierna docilidad: 'Tomás, mete tu dedo ... mete tu mano ... no seas incrédulo, sino creyente". Y Tomás se sintió completamente conmovido, porque nunca se había imaginado que Cristo atendiese un deseo tan difícil y absurdo.
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3. Modelo de Catequesis
1. Experiencia
Hacer una lista de saludos, reacciones y respuestas que acontecen cuando una persona querida viene de visita y hace mucho tiempo que estaba ausente. Sobre todo, relatar lo que pasa cuando el visitante viene de muy lejos. Y hacer una lluvia de ideas sobre lo que se podría sentir si esa persona hubiera estado en estado de coma profundo e irreversible y abre los ojos y comienza a hablar. Que dirían sus hijos, sus padres, sus familiares más directos.
2. Reflexión
Hacer a los escolares, o catequizandos, una reflexión sobre la reacción asombrada y asombrosa de los discípulos al ver a Jesús. Aquel que había estado clavado en la cruz, que había derramado ya toda su sangre, se presente ante ellos vivo, resplandeciente, amistoso…
3. Acción
Realizar un análisis de la aparición de Jesús a Santo Tomás y luego preparar entre todos una encuesta entre gente conocida: qué piensa de Jesús resucitado… Y Traer las respuestas a la clase poniendo un resumen entre los que creen que un hombre muerto como Jesús puede resucitar y que no creen que haya resucitado.
4 Colaboración
Poniendo las respuestas en un mural, tratar de analizar por que unos creen y otros no creen. Y ver que se puede ir diciendo a cada uno, según el tipo de respuesta que haya dado. Una vez que se hayan analizado por separado, sería interesante preparar un plan de respuesta a cada uno: Evangelio, estudio de cada tipo (incrédulos, antirreligiosos, indiferentes, cristianos con poca cultura, personas piadosas)
5. Interiorización
Preparar entre todos una plegaria de “aceptación entusiasta en la resurrección de Jesús”. Cada miembro del grupo puede añadir una frase y ponerla en una hoja adornada, la cual puede quedar expuesta durante unos días en el lugar de las reuniones.

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4. Ejercicios para la catequesis.
- De Pequeños
Hacer una dramatización de las dos apariciones que se relatan en el texto evangélico leído en esta jornada dominical. El grupo de Apóstoles puede ser numeroso, y cada uno de ellos, una vez que se identifica con un apóstol concreto, puede preguntar cosas a Jesús. El que hace de Jesús responde algo de forma incompleta. El catequista, o el profesor de religión, puede clarificar la respuesta de Jesús en el sentido en que aparece la idea del texto evangélico y puede aprovechar para ofrecer una explicación o reflexión sobre ese texto para provecho de los catequizandos o discípulos
- De medianos
Buscar, si es posible en Internet, algunas obras de arte de Cristo glorioso que se aparece a los discípulos. Son numerosos los pintores que tomaron este tema como preferente y se puede ir resaltando los detalles que aparecen en algunos de los cuadros… (luz, vestidos, colores, flores, cara de los discípulos, estancia, muebles, etc.) Especial juego ofrece la figura de Tomás ante las llagas de Jesús.
- De Mayores y Preadolescentes
Buscar en el texto evangélico las apariciones que están en cada uno de los cuatro texto evangélicos y perfilar y plan lógico de las diversas apariciones de Cristo. Señalar lo que hay de común en los cuatro textos evangélicos y resaltar lo específico y exclusivo de cada uno de los textos.
5 Complementos parala reflexion
Términos del Diccionario de Catequesis: Resucitado. Incredulidad. Fe. Maria Magdalena, Cenáculo, Apóstoles, Cuerpo glorioso
Puede consultarse directamente en la página web www.lasalle.es/catequesis2
En el formato de la Enciclopedia Wikipedia en: www.lasalle.es/catequesis
Libros interesantes:
Al tercer día resucitó de entre los muertos. José Ignacio Gonzalez Faus. Madrid. PPC. 2003
Pasión, muerte y resurrección. Varios. Madrid. Rialp. 2007
Creo en la Resurrección. Martín Gelabert. Madrid. San Pablo 2002
Resucitó. Francesc Marti. Madrid. Ed. CCS 2004
Jesús murió y resucitó .Joaquín Maria de Dios. Madrid. PPC. 2004
Yo creo en la resurrección., Benjamín Forcano. Madrid. Nueva Utopía. 200 |