1. Notas sobre la Sagrada Escritura. Lecturas Litúrgicas del Domingo actual
2. Reflexión. ¿Qué nos dicen estas lecturas?
1. Lecturas de la palabra de Dios
Jesús sigue durante unos días preparando a sus discípulos con las últimas consignas. Sigue apareciendo de manera esporádica y los Apóstoles siguen fortaleciendo su espíritu. Pero el Señor sabe que la fuerza de los suyos se va a mantener, por que son precisamente sus elegidos para una sublima y suprema misión
Primera lectura. Hechos 9. 26-31
Llegó a Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé le tomó y le presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor en el camino y que le había hablado y cómo había predicado con valentía en Damasco en el nombre de Jesús. Andaba con ellos por Jerusalén, predicando valientemente en el nombre del Señor. Hablaba también y discutía con los helenistas; pero éstos intentaban matarle.
Los hermanos, al saberlo, le llevaron a Cesarea y le hicieron marchar a Tarso. Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo.
Segunda lectura. 1 Juan 3. 18-24
Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios, y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Jesús se presenta como la vid, de la cual sale la savia que da vida a los sarmiento. Es la fuente del amor y de la gracia. Quien está unido a Cristo produce mucho fruto. El se separa se convierte en leña para le fuego
"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos
Permanecer fieles es el reto de nuestros tiempos. Perseverar en la fe, en el amor, en el cumplimiento de los mandamientos es difícil. No está favorecido por el ambiente. Es necesario vivir unidos entre nosotros y estar muy unidos a Cristo.
Sólo así podremos recibir la savia que necesitamos para nuestra vida espiritual. La savia es la fe y el amor. Se percibe en algunas de nuestras comunidades cristianas ausencia de dinamismo, una cierta parálisis o sequedad espiritual. La causa es que no circula por ellas la savia de la fe, la esperanza y el amor de Cristo. Hay una cierta incapacidad de vida interior. Al hombre de hoy le cuesta hacer silencio interior y exterior para poder entrar dentro de sí mismo y percibir a Cristo.
La sociedad del consumo que tanta gente vive hoy se encarga de hacer mucho ruido para que las personas no piensen y decidan con inteligencia sus opciones. Hoy nos preguntamos: ¿qué savia circula por nuestra vida interior? ¿De qué fuentes bebemos la información, la formación, la decisión? ¿Qué nutre nuestra vida espiritual? ¿Jesús es lo más importante, lo que nos llena de verdad? Podemos alimentarnos de Él todos los días escuchando o leyendo su Palabra, en la oración personal, en oración comunitaria de la misa y sobre todo comulgando. Entonces nuestra vida interior será pujante y dará frutos abundantes. Se espera de los cristianos que demos verdaderos frutos. Humanamente hablando siempre se piensa en las estrategias, en los medios potentes; se miran las estadísticas, los números, los resultados. Hoy queda bien claro que lo importante es permanecer unidos a Cristo y entre nosotros.
Creemos que así Cristo, la vid, es el que seguirá dando fruto abundante de salvación para la humanidad. Nosotros seremos sarmientos vivificados por su gracia..San Juan nos dice cuáles son los frutos de estar unidos a Cristo: la fe y el amor. “Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó”. “Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante: así seréis discípulos míos “ (1Jn 3, 23).
El viñador se esfuerza para plantar, cercar y cuidar la viña y espera buenos frutos. Pero con mucha frecuencia los frutos son amargos. Aplicando esto a Israel, el pueblo elegido por Dios parara encarnarse, es una realidad que detectaron con frecuencia los profetas (Oseas 10,1; Salmos 79, 9 y 12; Jeremías 2,21; Ezequiel 17,1-10; Isaías 5,1-8.
Miqueas lo aplicaba a la higuera que no daba fruto y decía"¡Ay de mí! Me sucede como al que rebusca terminada la vendimia: no quedan uvas para comer, ni brevas que tanto me gustan" (Miqueas 7,1). Y Jeremías gritaba: "El Señor me mostró dos cestas de higos... una tenía higos exquisitos, es decir, brevas; otra tenía higos muy pasados, que no se podían comer" (Jeremías 24,1-10) Y también Isaías reconocía: “La viña de Yahvé Shebaot es el pueblo de Israel, y los hombres de Judá su cepa escogida. Él esperaba rectitud, y va creciendo el mal; esperaba justicia, y sólo oye el grito de los oprimidos” (Isaías 5,7)
Lo mismo se puede aplicar a todos el nuevo pueblo de Dios, que es la comunidad que, iniciada por Jesús, se mantiene con el paso de los siglos hasta nuestros días. Dios espera de ella, espera de nosotros, frutos de verdad y de vida. Es lo que nos va a demandar cuando llegue la hora del juicio de cada persona y cuando llegue el Juicio final
Vale para la comunidad, para la Iglesia, y vale para cada persona, para cada cristiano
Saulo de Tarso, el perseguidor de los cristianos, se encontró con Cristo resucitado. Su vida cambió radicalmente. Era un sarmiento seco. Unido a Cristo se convirtió en el gran San Pablo, Apóstol de los gentiles, columna fecunda de la Iglesia, enamorado y apasionado por Cristo. Llegó a ser el apóstol más fecundo, fundador y animador de comunidades cristianas. Su secreto era éste: Cristo era lo único verdaderamente importante. Él pudo decir con toda razón: “Para mí la vida es Cristo” (Filipenses 1, 21).
Estuvo siempre en comunión con Jesús. De Él recibió su celo y actividad apostólica. Jamás se cansó de predicar. Siempre fue renovando sus energías para anunciar a Cristo con valentía. Llegó a una identificación tal con Jesús que pudo decir: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gálatas 2,20). San Pablo queda propuesto como prototipo de injerto plenamente ensamblado, fiel y en sintonía con Cristo y su misión. Desde el bautismo fuimos injertados en Cristo.
El evangelio de esta jornada presenta la comparación con la vid y la vida de los sarmientos. La comunidad para la que se escribían estas consideraciones, sabía muy de qué se trataba. San Juan presenta a Jesús como la vid verdadera. Hemos dicho muchas veces, y lo recordamos de nuevo, que los evangelios son una confesión de fe de las primeras comunidades cristianas. Es decir, estas palabras no fueron pronunciadas por el Jesús real e histórico, sino por el Jesús resucitado y vivido realmente dentro de la comunidad. Para ella la vid verdadera era Jesús que habitaba en ella; ya no era el pueblo de Israel y las viciadas estructuras religiosas manipuladas por sus autoridades.
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En su viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos descubrieron una Higuera, que aunque tenía una frondosidad admirable no producía frutos (Marcos 11,11-24). Este texto está redactado de tal manera que insinúa que la higuera es símbolo del Templo de Jerusalén, es decir la institución religiosa central del Pueblo de los judíos. Lo que Jesús quiso decir con el gesto de hacer que la higuera apareciera seca en poco tiempo, fue a una alusión a que el tiempo del Templo había pasado. Los líderes de Israel que se camuflaban bajo los títulos de doctores, sacerdotes y maestros, y escondían bajo sus mantos “sagrados”, todo tipo de crímenes, no podían así representar la voz de Dios. No eran los viñadores de Dios sino los viñadores asesinos (Mateo 21,33-41). El verdadero viñador es el Padre, (Mateo 20,1-16; 21,28-32)
La idea y la propuesta de Jesús, y de las primera comunidades fue clara: había que superar la piedad del templo. Había que iniciar otros camino nuevo. Había que buscar una nueva experiencia con lo sagrado, ya no a partir de la vieja institución sino a partir de una comunidad fraterna. Las palabras de Jesús en la Ultima Cena fueron contundentes: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros, como yo os he amando. En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros” (Juan 13,34-35).
Si queremos dar frutos de vida como los dio Jesús, es preciso estar unidos a él. Hoy nos queda fácil criticar la institución judía y decir que ellos no eran la vid de Dios porque daban malos frutos. Pero nos toca evaluarnos a nosotros mismos los motivos y las consecuencias de nuestra nueva elección.
Buscar una planta, preferentemente una rama de vid. Presentar un racimo de uvas y exprimirlo en un vaso. Dejarlo unos días hasta que fermente el mosto. Y probarlo convertido en vino. Se puede apreciar sólo narrando los pasos y tomando unas gotas, solo gotas, de vino moscatel.
Con cualquier rama de árbol o de arbusto se hace una experiencia de injerto. Se desgaja del tronco una rama para injertar y otra para que seirva de testigo
Se hace la operación de injertar en otro tronco (fácil de hacer: se hace una incisión en el tronco, se corta la rama injertada en pico cuadrado. Se ensambla muy justo y se cubre el empalme con parafina o cera) En varios días se ve una rama que se mantiene verde y la otra se va quedando lacio y se seca al fin.
Aplicar la figura de la savia que circula por la rama injertada. Comentar la importancia que tiene para la vida espiritual, cultural, social, el estar bien injertado en el ambiente, en los centros de información, misteriosa en Cristo Jesús
3 Acción
Buscar en los profetar metáforas o figuras que aluden a figuras vegetales: higueras, vides, flores, frutos, sembrados… Ver qué se hace con esos elementos y hacer en cada datos encontrado una comparación con la vid
4. Participación
Dibujar una parra. Una vid o una higuera, en la cual se coloca una hoja verde dibujada en un papel y recortada. En el dibujo se escribe una petición o un deseo y se coloca en una de las ramas dibujadas. Dibuhjar otras hojas secas y dejarlas en el suelo
5. Interiorización
Leer los deseos o las peticiones, intercambiándose las horas con el deseo, de modo que a ninguno le toque la propia
Colorear un gráfico semejante al que se coloca aquí. Y hacerlo explicando qué significa cada palabra que sale en el texto de esta jornada dominical, el cual se puede leer poco a poco mientras los niños están haciendo el trabajo.
Sobre el dibujo anterior, rodear textos buscados en el evangelio de Juan, que indiquen acción buena, oración. Amor, luz, paz, bien y servicios de entrega, generosidad, oración, pobreza, desprendimiento. Preparar un mural con ese emblema en donde cada uno va explicando lo que es recibir la vida del tronco y podarla compartir entre as demás que van poblando el árbol al principio desnudo
Para mayores
Preparar un campaña para aclarar a gente incrédula lo que significa la parábola de la vid y de Jesús como centro y nosotros como sarmientos. Preguntar cómo se puede explicar y que otras parábolas sirven a la misma idea: cuerpo místico, rebaño, frutos de la tierra,
COMPLEMENTOS PARA LA REFLEXION
VOCABULARIO ORIENTADOR
Verdor. Exuberancia. Sequía. Parra. Sarmiento. Hoja. Vid mística. Cuerpo Místico. Tierra fecunda. Reino de Dios.
LIBROS INTERESANTES
Enseñar con parábolas. Recursos para la Evangelización. Lorenzo Castañeda.. Madrid. San Pablo. 2007
Cuentos y parábolas de Jesús. Rodolf Puigdollers. Barcelona,. Centro de Pastoral Litúrgica. 2007
Disfruta con las parábolas Berta García, Mercedes Segarra y Jesús Ballac. Madrid. EDB. 2008