
Lecturas de la Palabra de Dios
La Iglesia sigue proponiendo a la consideración en estas jornada el gran discurso de Jesús en Cafarnaúm sobre la importante de vivir el misterio de Cristo y de asimilarlo como pan de vida, como fuente de fuerza y como torrente de luz.
Primera lectura. Proverbios 9. 1-6
Dios tuvo compasión de su pueblo y siempre estuvo cerca de Isrtael. La Sabiduría divina se identifica con su grandeza, de la cual mana todo lo que los hombres pueden conseguir.
“La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa.
Ella envió a sus servidores a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: "El que sea incauto, que venga aquí". Y al falto de entendimiento, le dice: "Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé.
Abandonad, dice la ingenuidad, y viviréis. Seguid siempre derecho por el camino de la inteligencia".
Segunda lectura. Efesios 5. 15-20
San Pablo nos impulsa a vivir con prudencia y con los ojos puesto en el Señor del cielo, que se hache presente en la tierra.
“Hermanos: Mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes; aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos.
Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad de Señor.
No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu.
Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.”
Tercera lectura: Juan 6. 51-58
Jesús deja claro que el viene de Dios, que ha bajado del cielo, y que en forma de sabiduría, en forma de Palabra de vida, en forma de Acción de gracias, que eso significa “Eucaristía”, siempre va a estar en medio de aquellos que El mismo ha elegido.
“En aquel tiempo Jesús dijo: Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo."
Discutían entre sí los judíos y decían: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
Jesús les dijo: "En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre

El, sólo por su infinita misericordia, nos atrae hacia sí, nos convoca y nos alimenta con su mismo cuerpo. El sólo podrá concedernos la vida al final de los tiempos. El que desciende y toma forma de pan nos asegura la vida para siempre, es decir la salvación. Su presencia en nosotros no tiene límites, él es el que permanece y entonces lo será todo en todos.
Ya lo anunciaron los profetas: no será necesario que los padres enseñen a los hijos, los unos a los otros: El Espíritu del Señor habitará en toda carne, sellará todo corazón y su Palabra guiará los pasos de todo el que quiera dejarse conducir por el Espíritu del Padre. Seremos, entonces, discípulos del Dios de la Vida. Sólo uno será nuestro Maestro, Cristo y nadie más podrá gloriarse de ser maestro, porque nosotros sólo somos hermanos, nada más y nada menos.
Al presentarse Jesús como el pan bajado del cielo, hace referencia a la misericordia del Padre que no deja a sus hijos sin el alimento fortalecedor, que tal es la Palabra de esperanza y de salvación . |
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2. Comentario
Jesús dijo insistentemente hablando con los judíos: Yo soy el pan bajado del cielo”. Esa hermosa afirmación de Jesús es toda una declaración de su origen y de su destino. El origen está en su Padre del cielo que le ha enviado a la tierra. El destino es convertirse en alimento para aquellos que le están confiados.
Jesús se presentó a los hombres de manera desconcertante para ellos. Había vivido más de 30 años en Nazareth. Había crecido, había trabajado, había compartido y había colaborador en multitud de actividades de su unidad familiar, en la que vivía como hijo único con su padre legal José y con su madre real María. Tenía otros parientes, otros hermanos. Y de todos ellos era conocido.
Y un día se marcho a bautizarse con el profeta Juan Bautista al Jordán. Luego se fue un tiempo al desierto. Y pronto apareció predicando y anunciando a todo el que quería oírlo que había llegado el tiempo del a salvación. Su itinerario de predicador que no duraría más que unos treinta meses, comenzó pidiendo a todos penitencia, como lo había hecho durante años el Bautista Juan. Luego comenzó a proclamar la llegada del Reino del bien sobre el reino del mal. El Reino de Dios se identificaba verdaderamente como Reino del bien.
Al final , en los últimos meses, anunció y proclamó que era no sólo un enviado de Dios, sino que era Hijo de Dios. A Dios le presentaba como Padre, como Padre suyo y como Padre de todos los hombres. Y en cuanto enviado divino y en cuanto Hijo de Dios, buscaba metáforas y modos de hablar para que todos entendieran que su misterio era la vida de los hombres que en él creyeran y era el camino del a salvación eterna.
Jesús no utiliza títulos humanos para deslumbrar a sus oyentes y seguidores, simplemente manifestaba quién era y quien es, En su vida terrena iba dejando un mensaje; quiere ser conocido, desea que sepan quién es Aquel a quien buscan y acompañan. Los que no le aceptyan se sienten desconcertados y molestos con un mensaje que no se acomoda a sus viejos estilos de entender a Dios
Por eso, cada vez que se da a conocer los judíos no cesan de criticarlo. ¡Cuánto les molesta que Jesús se proclame nada menos que procedente del cielo! Ya han visto sus obras, han oído sus palabras y sus confesiones y no lo soportan; les fastidia que les supere de un modo tan admirable, les supera tanta maravilla y sólo saben responder aferrándose a argumentos meramente humanos.
¿Cómo van entender los que le escucha con actitud de adversarios que Jesús es eterno, que existe desde siempre. Cuando le oyen decir: “Yo soy el que soy” haciendo referencia acaso a la teofanía del Sonaí sobre el Yaweh que se presenta ante Moisés, sus oyentes se ofenden. Pero realmente Él es el que es, el sí que es, es el que permanece, es el que vive. Es un hombre de firme personalidad y carácter, un hombre entero y pleno. Pero es también el Dios que se ha acercado a sus criaturas para mostrarnos cómo ser, cómo crecer, cómo madurar, cómo caminar para llegar a ser.
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También Hesús se presenta como comida y como fuerza para ayudar en el camino de la vida a todos los que quieran seguir su nueva revelación de la vida. “Yo soy el pan bajado del cielo. El que lo coma no morirá”. Jesús se hace o se presenta como pan, que es lo más cotidiano para el hombre. Jesús se ha hecho lo más cercano, lo más entrañable e incluso lo más necesario para el hombre, lo que el hombre a veces ni aprecia. Jesús se hace pan para el ser humano. Sí, se hace pan para poder llegar a todos.
Y no es un pan, Él es el pan, el único pan que alimenta saciando. Sólo Cristo es el Pan. Nada ni nadie puede satisfacer las ansias del ser humano, nada ni nadie podrán llenar el corazón del hombre en su continua búsqueda. Por más que acudamos aquí o allá e intentemos acallar nuestra hambre, sólo Cristo, “el bajado del cielo”, podrá responder plenamente con el amor y la gracia del Padre a nuestra honda finitud .
Pero los judíos están empeñados en reducirlo a mero hijo de dos conocidos de Nazaret y sólo ven en él al Jesús humano, nacido de la carne, nacido de la ley. Los judíos conocen bien a su padre y a su madre, no necesitan abrirse al Espíritu, como nosotros cuando nos aferramos a nuestros cálculos y no permitimos que el Espíritu se salga con la suya y nos lleve de aquí para allá como el viento, “que no sabes de dónde viene ni a dónde va, como todo lo que nace del Espíritu”.
"¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” No pueden creer lo que oyen, que el hijo del artesano José y de su joven esposa María se proclama ahora venido del cielo. No le basta cualquier título. El hijo de José dice ser divino y además pretende que lo crean, lo anuncia abiertamente.
Los judíos no salen de su asombro y no pueden comprenderlo porque no han nacido de lo alto, no han recibido el Espíritu. Ya se lo dijo una noche Jesús a Nicodemo que fue a verle a escondidas y hablo con él de su origen: Le dijo: “El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios”. Aquel fariseo que buscaba a Jesús, aunque de noche, había comprendido en su corazón que “nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él”. Pero estos no, para ellos Jesús es sólo el hijo de José y de María, no pueden ver más allá. La ceguera impide contemplar el Reino de Dios en medio de nosotros.
Y Jesús lo deja bien claro: “Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre”. Es preciso que el Padre nos regale su Espíritu para que las escamas de nuestros ojos, los tapones de nuestros oídos y la esclerosis de nuestro corazón no nos impidan acercarnos a Jesús y proclamar “Es el Señor”, como hicieron los discípulos en el lago.
Ninguno de nosotros pude arrogarse el título de ser hija o hijo de Dios, de haber conocido a Cristo, de haber experimentado el amor entrañable del Padre, porque sólo por obra del Espíritu podemos confesar sencillamente “Jesús es Señor”. Todo es puro don en nuestra vida y nuestra respuesta debe ser sólo agradecer los dones de Dios.
El mejor don es el envío de Jesús para salvarnos. El mismo que envió a Jesucristo a tomar nuestra carne es Aquel que nos atrae hacia él para que nuestra vida adquiera sentido en su luz, bajo su mirada y en torno a su Palabra.
Todo el que desee escuchar al Padre debe seguir las huellas de Jesús, porque sólo él es “el camino, la verdad y la vida”. “Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle” dirá el Padre cuando Jesús se transfiguro ante tres discípulos en el monte. La voz de Dios Padre invitando a los discípulos presentes en aquel momento tan privilegiado a seguir al Señor Jesús es particularmente significativa.
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3. Modelo de Catequesis
1. Experiencia
Podemos analizar a la luz del texto evangélico de esta jornada dominical lo que piensan los conocidos nuestros, algunos familiares, los mismos compañeros de la clase o del grupo, otros amigos, ante la pregunta : “¿Qué piensas de la frase de que Jesús es el pan bajado del cielo que podemos comerlo y nos dará fuerza y vida?”
Se recogen términos que salen en las respuestas a tal pregunta. Unos dicen: “Tontería”. Otros gritan: “Misterio”. Algunos se callan. Otros dicen: “Metáforas bíblicas”. No falta quien piensa:: “Supersticiones”.
Recoger entre todos respuestas, palabras y reacciones.
Reflexión
Podemos explicar que Jesús se refiere a tres cosas: Primera, su presencia en el mundo y el ejemplo de su vida. Segunda, las enseñanzas directas suyas y las que seguirán dando sus discípulos de su parte. Tercera, la realidad sacramental del pan eucarístico, en el que se queda real y físicamente.
Importa explicar bien las tres dimensiones, para no centrarse en exclusiva en la Eucaristía sacramental.
3 Acción
Se puede formular un debate con el texto evangélico propuesto. Se comienza explicando una frase por parte de cada miembro del grupo o de la clase.
El animador o profesor intenta que vaya la explicación orientada a resaltar las tres dimensiones anteriormente aludidas y que no se centren las interpretaciones sólo en la presencia real de Cristo en la Eucaristía
4. Participación
Se puede luego redactar una síntesis global entre todo, por ejemplo redactando un “Manifiesto a los hombres no creyentes”, en el que se dice que Cristo es un misterio descendido del cielo. El se presentó , o comparó” con pan bajado del cielo para alimento. Nosotros podemos presentarle como “torrente de agua viva” que apaga la sed, como ”luz deslumbrante” que ayuda a recorrer el camino, como “brisa refrescante”, que permite atravesar el desierto del mundo…
5. Interiorización
Podemos redactar una plegaria pidiendo a Jesús “ que permanenzca cerca de nosotros en nuestro trabajo escolar o en nuestra vida y que nos ayuda a ser aire fresco, luz brillante, agua de vida, que haga real la metáfora de “pan celestial”.
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4. Ejercicios para la catequesis.
- Para Pequeños
Dibujar, sugiriendo que se haga como un concurso a ver quién lo hace mejor” un pan, un manantial, una corriente de aire que mueve los árboles, una luz brillante… y siempre añadiendo una frase en cada uno de los gráficos o símbolos. El animador o profesor aprovecha para escuchar las explicaciones que dan los alumnos y él añade ideas claras referidad a la cercanía de Jesús
Para medianos
Hacer un concurso de metáforas, figuras o sugerencias simbólicas que recojan el mensaje de la “presencia de Jesús” en medio de los hombres y especialmente en medio los discípulos de Cristo. Se pueden realizar en forma de gráficos (dibujos) explicados o en forma literaria (frases hermosas y expresivas)
Para mayores
Preparar una colección de metáforas en los Profetas que aludan a la presencia o cercanía de Dios en medio del pueblo elegido. Hacer referencia a la voluntad divina de mantenerse cerca de sus elegidos, bien para protegerlos, bien para castigarlos y lograr su conversión
5. Complementos para la reflexión
Términos del Diccionario de Catequesis.
Presencia. Encarnación. Cercanía. Imagen. Símbolo. Icono. Oráculo. Profecía. Misterio. Enigma.
Libros interesantes
La Biblia , palabra de Dios. Introducción genral a la Sda Escritura Valerio Mannucci. Bilbao Desclée de Brower. 2008
Gestos de Jesús: para conocer mejor su humanidad . Hilario Mendo. Madrid. Ed. Palabra. 2008
Juegos Bíblicos: para una pedagogía de la fe. Jesús Sánchez. Madrid. CCS. 2002
Jesús hablaba arameo. En busca de la palabra perdida Eric Edelmann Madrid. Ed. Obelisco 2006
Seguir a Jesús. Los Evangelios. Carlos Mesters. Navarra. Verbo Divino 2000
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