La
misericordia que Jesús derrocho en su vida de profeta y mensajero
del reino de Dios es impresionante.
Una mujer sorprendida en pleno adulterio es respetada por Jesús
y sal-vada de ser apedreada…
Los otros comentarios que encontramos este domingo cercano el re-cuerdo
de la Pasión son de Isaías y de la Carta paulina a
los Filipenses. El uno anuncia que Dios protege al pueblo por compasión.
El otro nos dice que Jesús rompió todos los esquemas
y proclamó mensaje de perdón.
1ª Lectura. Isaías 43,
16-21
El fragmento de Isaías de ese profeta a quien los antiguos
llamaron el Quinto evangelista por que reflejaba tan bellamente
las cosas que iban a acontecer en tiempos de Jesús, alude
a la misericordia de Dios, salvador de su pueblo, a pesar de las
infidelidades de los hombres.
“Así habla el Señor, el que abrió un
camino a través del mar
y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros
de gue-rra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos.
Ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron,
se consumieron como una mecha.
No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas anti-guas;
yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no
se dan cuenta?
Sí, pondré un camino en el desierto y ríos
en la estepa.
Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces;
porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la
estepa, para dar de be-ber a mi Pueblo, mi elegido, el Pueblo que
yo me formé para que pregona-ra mi alabanza
2ª Lectura. 2 Filipenses 3,
8-14
San Pablo hace una bella fotografía del Cristo bueno, maravillosamente
bueno, que siempre está dispuesto a perdonar las debilidades
de los hombres
Hermanos. Os voy a decir más. Yo juzgo que todo es pérdida
ante la su-blimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor, por quien perdí to-das las cosas y las tengo
por basura para ganar a Cristo y ser hallado en él, no con
la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene
por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios. Está
apoyada en la fe. Conocerle a él, el poder de su resurrección
y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante
a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección
de entre los muertos.
No que lo yo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que
con-tinúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo
sido yo mismo al-canzado por Cristo Jesús.
Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una
cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo
que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar
el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.
3ª Lectura. Juan 8, 1-11
Rompe los esquemas y culmina la fotografiad e las misericordia divina.
Una pecadora es perdonada en el momento más comprometido
de su in-fidelidad y de su pecado.
En aquel tiempo Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero
de madru-gada se presentó otra vez en el Templo, y todo el
pueblo acudía a él. En-tonces se sentó y se
puso a enseñarles.
Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio,
la ponen en medio y le dicen
: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moi-sés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres.
¿Tú qué dices?"
Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle.
Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el
dedo en la tierra.
Como ellos insistían en preguntarle, se incorporó
y les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado,
que le arroje la primera piedra." E inclinán-dose de
nuevo, escribía en la tierra.
Ellos, al oír estas palabras, se retiraron uno tras otro,
comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús
con la mujer, que seguía en medio.
Incorporándose Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde
están? ¿Nadie te ha condenado?"
Ella respondió: "Nadie, Señor."
Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante
no peques más."
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El
mensaje de Jesús está hecho de palabras y de hechos.
Jesús hablaba de misericordia, de compasión y la gente
le escuchaba. Pero él sabía que las palabras fácilmente
se borran. Y por eso muchos signos, mu-chos milagros y planteo muchas
parábolas y muchas metáforas, a fin de que le entendieran
mejor.
Sus palabras habrían resonado hasta hoy y estarían
todavía en nues-tro recuerdo como un sonido salvador. Pero
Jesús también quería dejar algo más
concreto y firme y por eso también hablo con los hechos.
El texto evangélico de hoy nos trae a la memoria un hecho
portentoso que seguramente nunca olvidaron los que lo presenciaron
y que todavía nos impresiona cuando hoy escuchamos el relato.
Sorprendieron los fariseos, los adversarios de Jesús, a una
mujer que estaba casada y estaba adulterando con otro hombre que
no era su ma-rido. La Ley de Moisés mandaba apedrear a las
que eran sorprendidas en ese pecado. Pero los fariseos la llevaron
a Jesús, no por fidelidad a la letra de la ley o por amor
a la verdad, sino para ver si lograban ponerle a ese profeta de
Galilea, a ese predicador en un aprieto. Incluso llevaban la intención
de hacerle caer en una callejón sin salida y denunciarle
después como violador del orden o de la ley.
Si se ponía de parte del la ley y mandaba apedrearla, le
acusarían de cruel y de homicida pues los romanos tenía
limitado el poder del pueblo y no dejaban que mataran a nadie sino
que era el procurador el que se reservaba la pena capital. Era una
forma de humillar a los pueblos some-tidos. Si ponía de parte
de la misericordia, la acusación iría al Sanedrín,
el tribunal judío, para que fuera el que pidiera la condena
de Jesús por no haberse puesto de parte de la Ley y haber
aconsejado el perdón o la misericordia.
La trampa era perfecta. No era cuestión de moral. En aquel
momento y en aquel país sometido, romanos, como los griegos
y y los mismos judíos adulteraban con tanta facilidad, que
era un hecho que no merece-ría llevar a un infractor de este
tipo a los tribunales y menos a una mu-jer, que era en ambas sociedades
un ser inferior.
La salida de Jesús fue desconcertante para los acusadores
y sorpren-dente para los espectadores que se había juntado
para escuchar a aquel predicador de Galilea, que no era de ningún
partido y que tenia fama de hacer verdaderos milagros… Por
eso la expectación ara máxima.
¿Qué
hizo Jesús. Se puso a escribir en el suelo ¿Los pecados
de adul-terio de los acusadores? ¿Algún mandato de
la Ley? ¿Algunos nombres propios de los presentes? No lo
sabemos. Simplemente escribía con el dedo. Algo fue muy duro
lo que escribía porque, como ellos insistieran, él
se enderezó y les dijo desafiante: El que de vosotros no
haya cometi-do ese pecado, que tiré contra ella la primera
piedra.”
Apenas escucharon la respuesta de Jesús, los acusadores se
echaron hacia atrás avergonzados. O sea que aquellos que
acusaban eran hipó-critas. Todos ellos debían de tener
más de un adulterio en las espaldas. Comenzaron a marcharse
como pudieron y “empezando por los más viejos”
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Pero Jesús no se quedó ahí. El pasaje evangélico
es claro y aleccio-nador. La mujer teme, los fariseos huyen, Jesús
domina con su sabidu-ría la trampa en la que le quieren poner.
Es de suponer una mirada com-pasiva en el rostro amoroso y misericordioso
de Cristo. Y una firme y clara consigna. ¿Dónde están?
Ninguno, Señor. Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más…
por que lo que has hecho es pecado. Vete y no peques más
en adelante.
Los escribas y fariseos, con el corazón lleno de hipocresía,
no la hubieran perdonado. La hubieran apedreado sin preguntar más.
Era pe-cadora. Había sido sorprenda en el mismo hecho pecaminoso
de su adulterio. Jesús representaba otro mundo, otra realidad,
otro evangelio de salvación y de perdón.
Los hombres caemos con facilidad en pecado. Somos débiles.
La compasión de Jesús tiene que ser para nosotros
un camino hacia la fuerza del perdón y de la salvación,
no hacia la fácil justificación del mal. Somos conscientes
de nuestra debilidad y de la facilidad con la que caemos en le pecado
sin la gracia de Dios no li8muna nuestra vida…
¿Y
la gente que miraba? ¿Y nosotros que recibimos tal consigna?
Sentimos sorpresa, cierto desconcierto, temor y sutil descubrimiento
de que Jesús es capaz de perdonar a una pecadora pero también
rechaza el pecado. Salva pero manda no pecar. Expresa infinita misericordia
inclu-so con la que ha sido sorprendida adulterando, pero rechaza
el pecado con toda claridad.
Parece ser que el perdón tan fácil de un pecado tan
grande en un tiempo en que la mujer era una posesión del
marido. Era como un desa-fío de libertad. Jesús podía
haber dicho. “Vete y arréglate con tu marido a ver
si él te perdona una vez que has sido descubierta.
Pero es Jesús el que toma la iniciativa y perdona. Por eso
este hecho de Jesús, que no parábola, ante una mujer
que clara e indudablemente sorprendida en pecado, es un desafío
de misericordia, pero también es una consigna de lucha contra
el mal y de victoria,
En algunos manuscritos de Lucas de tiempos antiguos hasta quitaron
este relato, por ser verdaderamente escandaloso y parecer que Jesús
excedía en el perdón. Decía sin más,
ante un hecho así: vete, yo tampo-co te apedreo. Pero no
peques más. Era escandaloso que Jesús fuera tan compasivo.
Sin embargo es el mensaje del Evangelio: el perdón fá-cil,
la consigna de huir del mal, la invitación al arrepentimiento…
hasta setenta veces siete.
El tierno sentido del perdón de Cristo nos hace pensar en
uno de los mensajes de la Epístola de Juan: “Hijitos,
no queráis pecar, pero si pe-cáis, acordaos que tenéis
a Jesucristo por salvador (1. Jn 2.1)
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Experiencia
Se
puede leer en el grupo el hecho de la salvación del pueblo
en Exo-do. Se lee en silencio y se buscan frases que signifiquen
que Dios sigue acordándose de su pueblo elegido, a pesar
de que este desde mucho tiempo antes en Egipto
Se buscan frases que aludan a la misericordia, a la compasión
de Dios, frases que aludan a que Yaweh sigue amando al pueblo a
pesar de sus infidelidades.
Reflexión
Una buena reflexión sobre la fidelidad y el amor de Dios
a los hom-bres por parte del Catequista o del profesor de religión
puede ser excelen-te. Luego se buscan frases similares en el Profeta
Isaías, a partir del texto que aparece en este domingo.
Luego se puede presentar un cuadro de arte en la que los fariseos
es-tán rodeando a la mujer que han llevado ante Jesús
por que la encontrado pecando
Se hace una lluvia de ideas sobre las reacciones de todos los que
están en la escena. Se puede describir el cuadro que se presenta
o se puede dejar que la imaginación suponga las caras y reacciones
de la gente que debió haber en el lugar de la escena: Jesús,
los fariseos acusadores, los curiosos de turno, las mueres que estaban
también mirando la escena, los apóstoles que andaban
cerca, la misma adúltera tendida en el suelo con cara de
terror.
Después de la descripción el catequista o el profesor
puede comentar las frases de ellos: fariseos Hemos hallado a esta
mujer … ¿Tú que di-ces?. Se puede analizar la
trampa en que querían meterle a Jesús
Jesús reacciona de manera inesperada… La Ley dice eso…
vosotros queréis la ley.. Los que no hayan pecado de vosotros
comience tirando la primera piedra…
La huida disimulada de los acusadores empezando por los más
peca-dores, los más viejos. La pregunta de Jesús y
l a respuesta de la mujer
La sentencia de perdón de Jesús, seguida de la consigna.
No peque más en adelante, pues te he salvado la vida, que
buscaban tus acusado-res
Acción
Una buena reflexión sobre la fidelidad y el amor de Dios
a los hom-bres por parte del Catequista o del profesor de religión
puede ser excelen-te.
Luego se buscan frases similares en el Profeta Isaías, a
partir del texto que aparece en este domingo.
Participación
Buscar hechos similares. Una lluvia de tales hechos hoy podrían
pa-sar en nuestro entorno… Hechos de hipocresía…
Noticias de periódicos de quien habla de paz y hace la guerra,
de quien alaba el trabajo y es pe-rezoso, de quien habla de justicia
social y nunca da un limosna…
Las indicios de infracciones de la ley están a la orden del
día: un señor que roba y es cogido en el pecado…
Un joven que abusar de una persona débil y pretende aprovecharse
e ella y es traído al corro de los curiosos y se jacta queriendo
hacer gracia… etc.
Cada uno de los catequizandos o de los escolares sugiere un caso
y lo compara con la mujer del evangelio del día.
Interiorización
Hacer un recuerdo de los hechos de perdón hay en el Evangelio:
Je-sús que le niega… el paralítico que recibe
el perdón de los pecados… los judíos que crucifican
a Jesús y Jesús que dice “Padre, perdónales.
Suele ser interesante citar a Judas y contar su historia y su desespera-ción
final y pensar que Jesús quería haberle perdonado.
Es seguro que, aunque Jesús hubiera muerto por su traición,
hubiera podido ser un tes-tigo de la resurrección y del perdón,
si se hubiera arrepentido y hubiera hecho como Pedro, que lloró
su negación de Jesús
Sacar aplicaciones para la vida. Entro todos se puede realizar un
mu-ral para mantenerlo unos días a la vista, en donde cada
uno relata en po-cas lineas un hecho y establece la comparación
con la acción de Jesús al perdonar al pecadora….
Un asesino mata en un arrebato… si se arrepien-te Dios le
perdona.
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Niños
pequeños
Hacer una dramatización sobre un robo, una mentira, una desobe-diencia,
un faena a un compañero… Otros compañeros detienen
al infrac-tor y se lo llevan al que hace de Jesús. Los niños
le acusan, piden el cas-tigo…
El niño ue hace de Jesús tiene la lección bien
aprendida… “ A ver, tu, que le acusas… ¿nunca
has hecho algo parecido?.. mentira, robo, pereza, desobediencia…”fuera
de aquí, no tienes derecho a acusar a nadie”. Y al
infractor le dice… “Vete, no te acuso ni castigo…
pero no hagas más ve-ces estas cosas…La dramatización
se termina recordando sin reservas el hecho evangélico
Niños medianos
Buscar hechos que suponen un delito o un pecado y que merecen cas-tigo
y redactar una breve plegaria de arrepentimiento. O se puede también
ir colocando , cada niño la suya, una ficha con tres partes:
un delito o pe-cado… una acusación y una petición
de castigo… Luego una razón para perdonar… y
luego esa plegaria de arrepentimiento. Se pueden ir colo-cando las
plegarias en la pared y luego leer alguna y analizar si son fre-cuentes
los tales delitos o pecados y si es correcta la
Se puede pasar una hoja con dos parte… Falta o infracción
que se ha observado en alguna persona, compañero, adultos,
familiar, en la parte izquierda… Y en la parte derecha lo
que diría Jesús a una persona si al-guien se la trajera
delante pidiendo que la diera un castigo…
Por ejemplo a) un hecho: un borracho que ha ido rompiendo cosas
y perjudicando por la calle. b) Un castigo. Se pide que esté
en un calabozo de la policía, por dos o tres días.
c) Una palabra de perdón de Jesús y que consecuencias
le pide al que ha cometido tal acción que debe hacer.
Mayores y preadolescentes
Estudio de la misericordia de Dios y de la misericordia de Jesús.
Buscar anuncios de misericordia en los Salmos, en los profetas Isaías
y Daniel, y hacer un cuadro comparativo. Sacar consecuencia para
la vida presente. Conviene que los textos queden escritos, como
haciendo una colección. Y que sean seguidos de sugerencias
de vida cristiana, con arrepentimien-to y rechazo del mal
Simular un viaje de Jesús por algunos lugares de la sociedad
actual: por una Discoteca, por un comercio popular, por un Banco,
por una cácel, por una prostíbulo, por la sede de
un partido político…
Cada alumnos o cada catequizando hace de Jesús en un lugar
de esos o de otros similares. Conviene evitar el negativismo…
encontrará cosas buenas… resaltarlas… Hallará
alguna mala. Esa es la que tiene que con-denar.
Elementos para la reflexión
Vocabulario selecto: Adulterio. Perdón. Pecado. Fidelidad.
Debilidad. Concupiscencia. Pasión. Confesión. Hipocresía.
Acusación. Juicio.
Libros de posible consulta
Jesús de Nazaret. El Evangeliio de Lucas escuela de justicia
y miseri-codia. Francisco Riera. 2007. Bilbao. Desclee de Brower
Dios rico en misericordia. R. Abad Toribio. Barcelona Casals. 1992
Lucas, Evangelista de lka ternura de Dios: Diez catequesis sobre
la misericordia. Francisco Ramos.1997 Navarra. Verbo Divino
Jesús y la misericordia. José A. Pagola. 2005. Bilbao.
Editorial Idatz
Tiempo para la misericordia. Antonio Llamas. 2006 San Pablo. Madrid.
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