La Semana Santa constituye una impresionante oportunidad de revitali-zación
de la fe. Ofrece una serie de jornadas de educación de los
senti-mientos religiosos. Ofrece una unidad admirable por la liturgia
de cada día y por que el conjunto refleja el gran acontecimiento
de la muerte y re-surrección de Jesús.
Las celebraciones de la liturgia cristiana, desde hace dos milenios,
lleva al corazón y al mente del cristiano el misterio de
la Redención. Lleva a la mente del cristiano a un proceso
abreviado y sintético del mensaje cris-tiano. Nos centra
en el sublime misterio del a Resurrección al que precede
la Pasión del Señor. Pero ante de que llegue la Pasión
esté el sublime misterio de la Despedida, de la Cene del
Señor. Y previamente acontece la entrada en Jerusalén,
que es mirado en la liturgia como el acto libre de Cristo de entregarse
el plan del Padre de que por su entrega libre habrá de redimir
al mundo.
La muerte y la resurrección de Jesús constituyen una
unidad insepara-ble. No hay resurrección sin muerte y Cristo
no hay muerte redentora sin resurrección. El Viernes Santo
tiene resonancias de triunfo resurreccional y el Domingo de Pascua
tiene ecos de Cruz.
Nos interesa recoger tres textos magníficos de la liturgia
para esta Se-mana. En la medida en que se puede con el pueblo fiel,
con nuestro cate-quizandos es preciso formarles en lo que los tres
textos representan
Primera lectura Lucas 19. 28-40
Representa la entrega. Jesús es consciente de que llega su
hora y quiere entrar en Jerusalén como un Rey salvador. “Nadie
me da la vida ni me la quita. Yo soy dueño de darla y de
recuperarla”. Al entrar en Jerusalén “haciendo
ruido” anuncia que lo que va a suceder no es algo secreto
y privado. Va ser juzgado ante el pueblo y será el pueblo
el que gritará “cru-cifícale”. Su camino
quedará cortado por la sangre. Pero el mismo lo anunció
“Al tercer día resucitará”
En aquel tiempo, Jesús marchaba por delante subiendo a Jerusalén.
Sucedió que, al aproximarse a Betfagé y Betania, al
pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,
diciendo: "Id al pueblo que está enfrente y, entrando
en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que
no ha montado todavía ningún hombre; desatadlo y traedlo.
Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?",
diréis esto: "Porque el Señor lo necesita."
Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había
dicho. Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños:
"¿Por qué desatáis el pollino?"
Ellos les contestaron: "Porque el Señor lo necesita."
Y lo trajeron donde Jesús; y echando sus mantos sobre el
pollino, hicieron montar a Jesús. Mientras él avanzaba,
extendían sus mantos por el camino.
Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud
de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron
a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían
visto.
Decían: "Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!
Paz en el cielo y gloria en las alturas."
Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron:
"Maes-tro, reprende a tus discípulos."
Respondió: "Os digo que si éstos callan gritarán
las piedras”
Después acontecieron los hechos de la Semana. Jesús
anunció su mensaje en el Templo ante todos los que quisieron
oírle, mientras los fa-riseos le vigilaban de cerca con la
intención de acusarle y terminar con él. Después
preparó la despedida con sus discípulos. El sabía
que se termi-naba su vida y que llegaba la hora de su muerte. Sabía
que en el tribunal del pueblo se había pronunciado ya su
sentencia por boca del Sumo Sa-cerdote: “Conviene que muera
uno por el pueblo”
Después de varios días, enlazados con la gran peregrinación
que de todos los lugares fluía hacia Jerusalén (un
millón de peregrinos iban al Templo, según diría
Flavio Josefo unos años después), llegó el
final. La noche anterior a su muerte Jesús celebró
la Pascua con sus discípulos. “Ardientemente he deseado
celebrar esta Pascua con vosotros”.
- Lavó los pies a sus apóstoles
- Les dejó el memorial misterioso del pan y del vino
- Echó en cara a Judas su traición
- Les dio un único mandamiento, el del amor
- Le ofreció un bello Sermón de despedida
- Elevó una impresionante oración al Padre, la de
la unidad
- Marchó al Huerto de los Olivos donde llegaron a detenerle
- Hizo el último signo, curando la herida hecha por Pedro
al criado
Luego vino el falso juicio, con el interrogatorio previo ante Anas,
con el interrogatorio aparente ante el Sanedrín, con la entrega
a Pilato y el for-cejeo con los acusadores, con la entrega final
para que lo crucificaran. Es decir, que se desarrolló un
simulacro de proceso religioso y un proceso civil. Todo aconteció
vertiginosamente. El viernes a medio día agonizaba durante
tres horas, pronuncia “siete palabras” y exhalo el ultimo
suspiro clavado en la cruz
Segunda lectura. Viernes Santo Jn 19. 16-37
En aquel tiempo, Pilato se lo entregó para que fuera crucificado.
Toma-ron, pues, a Jesús. El, cargando con su cruz, salió
hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota.
Allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada
lado, y Jesús en medio.
Pilato redactó también una inscripción y la
puso sobre la cruz. Lo escri-to era: "Jesús el Nazareno,
el Rey de los judíos." Esta inscripción la leye-ron
muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado
Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo,
latín y griego.
Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: No escribas:
“El Rey de los judíos”, sino: "Este ha dicho:
Yo soy Rey de los judíos".
Pilato respondió: "Lo que he escrito, lo he escrito".
Los soldados, después de crucificar a Jesús, tomaron
sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada
soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida
de una pieza de arriba abajo.
Por eso se dijeron: "No la rompamos; sino echemos a suertes
a ver a quién le toca." Para que se cumpliera la Escritura:
Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica.
Y esto es lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de
su madre, María, mujer de Cleofás, y María
Magdalena.
Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo
a quien amaba, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a
tu hijo."
Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre."
Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su
casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba
cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: "Tengo
sed."
Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron
a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron
a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: "Todo
está cumplido." Inclinando la cabeza entregó
el espíritu.
Los judíos, como era el día de la preparación,
para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado, porque
aquel sábado era muy solemne, ro-garon a Pilato que les quebraran
las piernas y los retiraran.
Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y
del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús,
como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que
uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza
y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua
y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad,
para que también vosotros creáis.
Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: “No
se le que-brará hueso alguno”. Y también otra
Escritura dice: “Mirarán al que tras-pasaron”.
Pascua de Resurrección. Lucas 24.
1-12
La Historia de Jesús no termina en la tierra con su muerte
de Cruz y con la huida de sus discípulos. Es una historia
más gloriosa y brillante. La muerte es la Pascua, el paso
hacia otra cosa mejor. Eso es lo que nos re-lata brillantemente
el texto d San Lucas
“El
primer día de la semana, muy de mañana, fueron al
sepulcro llevan-do los aromas que habían preparado. Pero
encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,
y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante
ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron:
"¿Por qué buscáis entre los muertos al
que está vivo?
No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo
os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo:
"Es necesario que el Hijo del hombre sea en-tregado en manos
de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resu-cite.
""
Y ellas recordaron sus palabras. Regresando del sepulcro, anunciaron
todas estas cosas a los Once y a todos los demás.
Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María
Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás
que estaban con ellas. Pero to-das estas palabras les parecían
como desatinos y no les creían.
Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó,
pero sólo vio las ven-das y se volvió a su casa, asombrado
por lo sucedido.
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Dos
conceptos básicos en la catequesis se entrelazan:
Llamamos "Pasión" al conjunto de sufrimientos de
Jesús, que cul-minan con la muerte en la Cruz. Sufrimientos
y muerte constituyen el instrumento libre¬mente aceptado por
El y con el cual redimió a los hom-bres, siguiendo los planes
divinos, misteriosos, cruentos y humanamen-te incomprensibles.
Llamamos "Redención" al resultado de la "Pasión",
es decir al mis-terio del rescate que Jesús logró,
al decidir libre y voluntariamente pa-gar con su vida esa acción
liberadora. La redención se relaciona con to-da la vida de
Jesús, aunque se concentra, en la mente de sus seguido-res
y de forma singular, en el hecho de su pasión y muerte.
El hombre no podía redimirse a sí mismo, por su alejamiento
de Dios, por su estado de pecado, que hacían sus acciones
de valor limitado. Sin embargo, Jesús, hombre y Dios, poseía
"un valor infinito" en sus obras. Podía "pagar"
un precio infinito para conseguir la salvación de los hom-bres.
A Jesús nadie le obligaba a salvar a los hombres. Fue su
amor el que movió su decisión generosa. En su libertad
radica el signo de ese amor.
Con su voluntad salvífica, la "satisfacción"
que Jesús da al Padre, que le ha enviado, purifica a todos
los hombres, no sólo de la culpa de sus pecados, sino también
de todas las consecuencias de los mismos: de su pecado original
y de sus pecados personales.
Esa purificación no es sólo un generoso olvido de
la ofensa por porte de Dios (no imputación, como decía
Lutero), sino destrucción total del pecado, perdón
total, una "justificación".
El sufrimiento de Jesús fue real. Es un misterio incomprensible
el que Jesús quisiera elegir un sistema cruento y doloroso
para realizar la obra redentora. En sus manos valía cualquier
procedimiento o acción, cual-quier deseo o petición,
pues sus obras eran infinitas en valor.
Sin embargo, libremente aceptó y sufrió la muerte
dolorosa, y además muerte de cruz. Ese sacrificio de Jesús
sólo se entiende a la luz del amor. La tradición cristiana
ha explicado sólo por el amor los sufrimien-tos de Jesús
y por eso la Iglesia se ha "extasiado" siempre ante ellos.
También ha sido tradicional en el lenguaje cristiano, asimilando
los textos sobre todo de S. Pablo y de la Carta a los Hebreos, identificar
el acto redentor a un sacrificio (acción sagrada) con un
oferente y una víc-tima ofrecida.

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+ + + +
Jesús se presenta como Sacerdote y como Víctima de
su mismo sa-crificio. La cruz del Calvario es el altar en el que
se ofrenda la víctima. El misterio la Cruz será, pues,
para todos los creyentes, el emblema del amor de Jesús, sin
que basten los razonamientos más sutiles para ex-plicar tal
acción.
Sin actitudes de fe, el sufrimiento de Jesús es incomprensible.
Con la visión de la fe, no sólo se asume el dolor
mortal de Jesús, sino que se da sentido redentor y salvador
a los sufrimientos de los hombres, siem-pre que se asocien con amor
a los sufrimientos de Jesús. La muerte, que tan profundamente
perturba los afanes vitales de los hombres, ad-quiere una nueva
dimensión con la esperanza del crucificado.
Los hombres, que son libres de aceptar y de aplicarse los frutos
de la Redención o de no aceptar ese gesto de misericordia,
no sólo se ven limpias del pecado original, y de todo pecado,
sino que se elevan de nuevo al estado de amistad divina, de gracia,
en que fueron creados
La muerte de Jesús fue un hecho doloroso y real. Su cuerpo
y su al-ma se separaron de la misma forma en que quedan separados
los cuer-pos y las almas de los que mueren. El hombre Jesús
quedó destruido por la muerte y fue llevado por sus seguidores
a la oscuridad del sepul-cro en espera de poder amorta¬jarlo
al estilo de los judíos, lo que certifi-caba la certeza de
su muerte.
Pero Jesús había anunciado su victoria sobre la muerte
y su salida triunfante del sepulcro. Llamamos resurrección
al acontecimiento so-brenatural y misterioso por el cual, por su
propio poder, el alma de Je-sús vuelve a unirse al cuerpo
y comienza vida gloriosa, real y auténtica.
El misterio de la Resurrección de Cristo es un dogma básico
y pri-mordial para los cristianos. Su nueva vida no se halla sometida
sin más a las necesidades biológicas de los hombres
normales, sino que se re-viste de características singulares
que hacen a Jesús sutil, resplande-ciente, supramaterial
e impasible

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Conviene resaltar
la libertad de Jesús, que todo lo sabia, con la que acepta
el entregarse a la muerte. La libertad y la voluntariedad de la
muer-te de Jesús, para cumplir la escritura, es decir para
cumplir la voluntad del Padre.
Pero el misterio cristiano de la muerte
de Jesús no se exp0lica ni se comprende, aunque se explica.
Simplemente se comunica. Dios debe ilu-minar a dada creyente para
que asuma que Jesús era Hijo de Dios y que se entregó
a la muerta para salvar a los hombres.
Por eso una buena
catequesis es
1. Leer un texto, como el recogido aquí,
con piedad y con unción
2. Explicar las palabras y explicar los hechos, tal como los recogen
los Evangelio. El manejo y la aclaración de los textos directamente
es el mejor camino para presentar la muerte, pasión y resurrección
de Jesús
3. Recoger y aprovechar lenguajes del arte: la pintura, la escultura,
la literatura o la música. Por ejemplo presentar un cuadro
de arte y tratar de explicar el sentido de cada figura que aparece.
O también usar un texto de la literatura: un poema, una canción
o una plegaria
4. Hacer que los catequizandos, o los alumnos, se sientan protagonis-tas
de hacer cosas, buscar, dibujar, dramatizar, representar, escribir…
no solo escuchar… Es bueno que ellos mismos saquen conclusiones
de los hechos, que hagan propuestas realizables de vida cristiana.
5. Dar sentido de oración a estas catequesis: de gratitud,
de arrepen-timiento por el pecado, de firme propósito de
cumplir la voluntad de Je-sús
Catequesis
primera: SOBRE LA LIBERTAD DE JESUS
a) Jesús se entregó por
su propia voluntad a la muerte, no huyó, y eso significa
la entrada triunfal en Jerusalén. El relato evangélico:
el pollino, las palmas, los vestidos al paso, los cantos de sus
seguidores, la toma un texto profético: Bendito el que viene
en nombre del Señor en Jerusalén, todo ello son lenguajes
que el Evangelista toma de la tradición y aplica a un rey
que viene a su tierra, a Jerusalén.
1. Relatar la entrada de Jesús
en Jerusalén y la exaltación de la gente que le tomó
por el Rey de los judíos
2. Contrastar la actitud negativa de los fariseos: Reprende a tus
discí-pulos. La respuesta profética de Jesús.
Si callan, hasta las piedras se pondrán a cantar
3. El cumplimiento de las profecías. Se pueden analizar las
que se citan en los textos. Para ellos conviene hacer una comparación
del relato de la llegada a Jerusalén en los cuatro evangelistas.
Hermoso trabajo en cuatro grupos
4. Se puede dejar volar la fantasía, sobre lo que pudo hacer
Jesús en los cuatros primeros días de la semana, hasta
la Cena
5. Se puede hacer una simulación: viaje turístico
o periodístico a la Je-rusalén de esos días:
entrevistas a diversos personajes, observaciones, entrada secreta
en el templo y observación de los personajes, actitudes y
hechos de los cercanos a Jesús: Juan, Pedro, Judas iscariote,
Magdale-na, Lázaro resucitado, las mujeres venidas de Galilea,
la madre de Jesús.
Lo interesante es dejar la actitud de los oyentes dispuesta para
lo que va a pasar.
Y culminar con detallado relato de LA
ULTIMA CENA. Lo mejor para hacerlo es seguir casi literalmente el
relato de Juan (cap 14 a 17) Se pres-ta para una distribución
por grupos de alumnos o catequizandos y para hacer una autorreportaje
expuesto ante los demás compañeros
Catequesis
segunda: LA MUERTE DE JESUS EN LA CRUZ
Es el misterio central de la vida de Cristo.
Conviene moverse en los hechos con la serenidad de los textos evangélicos
y no con el dramatis-mo sangriento de los artistas o de los espectáculos
cinematográficos. Se trata de acercar la mente del oyente
al misterio y no sólo de conmover la sensibilidad…
1. Se puede comenzar con un “Reloj
de la pasión” o con un cuadro si-nóptico del
proceso de Jesús desde su detención hasta su sepultura.
2. Se puede ir buscando textos en los cuatro Evangelio para ver
de do-cumentar cada hechos de esas horas o tiempos
3. Conviene hablar4 de los que significa cada momento y cada palabra
de las dichas en el Tribunal de Pilato
4. Bueno es recoger en una Biblia citas de las profecías
a que en diver-sos momentos de la pasión, son aludidas por
los evangelistas.
5. Analizar algún fragmento de las plegarias que recita la
Iglesia en el Viernes Santo
6. Buscar y comentar hechos de piedad popular: Cruces, cuadros,
pro-cesiones, cofradías, vía crucis, oraciones…
Esto depende mucho de los lugares en que se vive.
7. Sacar conclusiones personales y durante todo el tiempo tener
ex-puesto algo que diga y recuerdo lo que se está explicando:
un cuado, un crucifijo, un dibujo realizado,
c)
Catequesis tercera. La resurrección de Jesús
Jesús lo anunció. No todo
terminó con la muerte. Y ese fue su triunfo. Su muerte terminó
su vida terrena, pero inicio su vida gloriosa. Hay que resaltar
ante los catequizandos el hecho de que Jesús, a diferencia
de otros resucitados como Lázaro, resucitó por su
propio poder. Era Dios, Hijo de Dios unido al hombre Jesús.
Podía hacerlo.
1. Analizar lo que acontece después
de la muerte: sepulcro, soldados vigi-lantes, temor de los adversarios
a que se cumpla su promesa, descanso del sábado…
2. Testimonio de los soldados. Gran ruido
al amanecer. Luz. Sepulcro va-cío. Modo mentiroso de resolver
el desconcierto de los enemigos obsti-nados de Jesús: lo
han robado.
3. Bello y cautivador testimonio de la
Magdalena. Luego de las otras mu-jeres.. Sentido del testimonio
de las mujeres en aquella culturas. Ecos en la reacción de
los Apóstoles
4 Testimonio de Pedro y de Juan cuando
van corriendo a confirmar el se-pulcro vacío.
5 Lista de apariciones. Esfuerzo por interpretar
y explica cada una. Inte-resante campos bíblicos para un
trabajo por grupos con exposición para los demás
6. Interesante también es ver lo
que dice la Iglesia sobre la resurrección. Partir de la liturgia
pascual y de sus símbolos: cirio pascual, cánticos
de gloria, incienso, luz, altar, repicar de campanas…
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Niños
pequeños
Dramatización de los hechos de la pasión. Hacer estos
ejercicios con fidelidad a los textos bíblicos de cara a
facilitar su memorización y su me-jor comprensión
Dibujos significativos con textos bíblicos adheridos. Colección
o expo-sición de de dibujos en forma graduada sobre los hechos
de la Pasión, muerte y Resurrección-
Niños medianos
Perfilar con un reloj un itinerario de la muerte y resurrección,
desde la noche del jueves hasta el amanecer del domingo. Ir consignando
los hechos que pasaron o debieron pasar.
Analizar detenidamente algunos cuadros de arte valiosos en torno
a la pasión y a la resurrección: Velázquez,
el Greco, Murillo, Ribera… O alguna escultura: Salzillo, Gregorio
Fernández, Juan de Juni, Berruguete…
Mayores y preadolescentes
Hacer un estudio de cada persona que aparece en el drama de la pa-sión…
Buscar en el Evangelio los datos y ver que eco ha tenido en la pie-dad
cristiana. Interesa resaltar el valor bíblico de cada figura.
Estudiar el hecho de la resurrección, partiendo del Sepulcro
vacío. Re-partirse las apariciones por grupos y estudiar
las pruebas de la resurrección.
Estudiar algo la liturgia de la Pascua por medio de los símbolos.
Anali-zar los símbolos que van surgiendo: curio, altar, procesión,
bendición del fuego, del agua, etc. Ver lo que significan
y realizar una encuesta entre persona mayores a ver cómo
los interpretan. Proponer en Público las conclusiones.
Elementos para la reflexión
Vocabulario interesante: Pasión,
Dolor, Muerte. Resurrección. Salva-ción Redención,
Pasión, Redención,. Cruz. Calvario. Viacrucis. Dolor.
Ex-piación. Sacrificio.
Libros de posible consulta
Hechos de la vida de Jesús, en especial su pasión
y resurrección. Franca Vitali. Madrid. CCS. 2007-03-19
Jesús Maestro de Nazareth. La pasión de Jesucristo.
Roger Young. Madrid. Edibesa. 2005
Queremos ver a Jesús: descubrir su rostro en el Evangelio
de Juan. Pasión y resurrección de Blaise Arminion.
Ed. Mensajero. Bilbao. 1998
La pasión de Jesús según San Juan. Rafael Domingo.
San Pio X. Ma-drid. 1998
Jesús de Nazaret: su vida y su pasión por la vida
del hombre. Luis An-tonio Gallo. Editorial CCS 2001.
El proceso de Jesús: la pasión en los cuatro evangelios.
Rafael Prieto. Madrid Caritas Española 1996
Así murió Jesús: la pasión. Constancio
Cabezón. 2003. Madrid Centro Bíblico. 2003
La Resurrección de Jesús, Alvaro Ginel. Editorial
CCS. 2006
La resurrección de Jesús. Rafael Domingo. Madrid.
San Pío X. 2000

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